«La democracia tiene una deuda pendiente con la Policía»

Alfredo López Penide
López Penide PONTEVEDRA/LA VOZ.

PONTEVEDRA

El sindicalista ve sus últimos cuatro años al frente del SUP con la satisfacción de haberse dedicado a sus compañeros

06 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

A sus 57 años, José Freire ha asumido que las de este jueves fueron las últimas elecciones a las que concurrió como candidato a la secretaría xeral del SUP en Galicia. Reconoce que tomar esta decisión «fue complicado». «Seguro de que me va a costar muchísimo dejarlo e, incluso, es posible que suelte alguna lágrima», dice, pero considera que atendiendo «a la edad» se plantea dejarlo ahora. «Si no lo hice fue porque mis compañeros me pidieron que estuviese otros cuatro años más para que entrase gente joven y adquiriese más experiencia».

-Tres décadas de sindicalista activo...

-Empecé en el año 81 así que van a hacer treinta años, los primeros, lógicamente, en la clandestinidad. Todo era complicado y difícil. Fue una época que denominamos como «unha longa noite de pedra». Yo vestí de gris como muchos de mis compañeros que asistieron a este congreso. Eran épocas difíciles en las que tratábamos de dar un cambio importante a aquella policía militarizada. El primer cambio fue conseguir que los militares se fueran de la institución. Fue una época de transición, en la que la nueva situación del país requería muchas veces, demasiadas creo yo, intervenciones policiales con, hay que reconocerlo, un empleo de la violencia a veces desproporcionado desde nuestra parte. Es lo que había.

-No es de extrañar la mala prensa que tenía el cuerpo.

-Sí, nuestra imagen era muy mala para la sociedad. Gracias a Dios, el cuerpo consiguió mejorar cambiarla y tengo que decir que el SUP colaboró muchísimo a que esa imagen haya cambiado.

-Curiosamente, con la huelga del 8 de junio, ¿parece que el SUP volverá a la clandestinidad ya que la policía tiene prohibido hacer huelga?

-Sí, curiosamente el conseguir esa utopía de una policía civil al servicio del ciudadano, que era el lema de aquel entonces y que está de plena actualidad hoy en día, en ocasiones parece muy lejano... A veces hay brotes de autoritarismo, de querer utilizar a la policía para fines que no son los que tenemos asignados por ley. En nuestro camino, tuvimos que ir salvando muchas piedrecitas, pero ahora tenemos un pedrusco enorme que, con valor, valentía, esfuerzo y dedicación, podremos hacer frente para demostrar nuestro rechazo a la situación que se nos plantea. Nos duele muchísimo a los policías, pero también a nuestros compañeros de la Guardia Civil, que una vez más se nos pida solidaridad cuando la hemos dado, como diría un andaluz, hasta jartarnos. Creo que, a veces, hemos dado demasiado, hasta en ocasiones la propia vida. La democracia tiene una deuda pendiente con la policía y la Guardia Civil que puede ser demostrada de muchas formas, como es la dignificación de esta profesión.

-A título personal, ya no como sindicalista, ¿tiene alguna espina clavada?

-A nivel personal, tengo la espina de no haberme promocionado más en el campo profesional, de haberme quedado como policía de base. Tal vez fue por cuestiones de índole personal, de avatares personales míos, de alguna desgracia. Lo cierto es que no pase del bachillerato, del COU, y me hubiera gustado promocionar más. Fue por cuestiones personales, pero también, por qué no decirlo, por mi dedicación expresa al campo del sindicalismo. Pero yo soy de las personas que toma una decisión y luego no me arrepiento. Creo que la vida, en general, me ha tratado perfectamente. Soy padre de cuatro hijos y abuelo de tres nietos. Me gusta vivir sin grandes alharacas y estoy satisfecho de haber dedicado tanto tiempo a defender los derechos de mis compañeros.

-Y la familia, ¿cómo ha recibido la decisión de estar otros cuatro años más?

-Bien. Creyeron que no iba a haber otros cuatro años más, pero... Ya el jueves le di públicamente las gracias a mi mujer por todo la paciencia que ha tenido conmigo y el tiempo que no le he podido dedicar a la familia. No recordaré que una vez me puso las maletas en la puerta cuando, allá en el 82 o el 83, venía de una reunión clandestina en Zaragoza y había rumores de que nos iban a trasladar a todos los que estábamos en Pontevedra a Mahón. Entonces me dio a escoger o el sindicato o la familia. Fue comprensiva. Son cuatro años nada más y ahora tiene en que ocuparse, tiene tres nietos, y por lo tanto creo que me va a olvidar un poco.