Platos de cerámica azules, casi todos cerrados uno sobre otro y depositados sobre ladrillos refractarios crema, tres verbos azules a medio conjugar (convencer, convertir, convivir) porque sus letras parecen incapaces de sostenerse en pie y el agudo tañido de la campana de un barco que suena a llamada de angustia. Son los principales elementos que ya ocupan el patio central de la sede de la Fundación Luis Seoane, objetos y sonidos todos ellos que forman la instalación que lleva por título Nos son, de Juan Carlos Meana (Vitoria, 1964), profesor de pintura en la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra. El director de la Fundación Luis Seoane, Alberto Ruiz de Samaniego, recordó que dicho patio es la única parte del edificio que se ha conservado intacta del viejo cuartel de Macanaz, y que con la exposición de Meana, comienza una nueva serie de proyectos artísticos que ocuparán este patio central. «Son 300 platos sobre ladrillos, pegados, que simbolizan el misterio de acceder al conocimiento», detalló Ruiz de Samaniego. Otro aspecto que destacó es que la instalación de Meana incluye también el espacio del mirador sonoro «con el sonido del agua de la lluvia, el agua corriendo», y auguró que sería muy interesante que en algunos de los días en los que esté abierta la instalación, hasta próximo día 4 de julio, «pueda llegar a coincidir el sonido de la lluvia real con el de la grabación». El sonido. Juan Carlos Meana, que llevó a cabo parte de su formación en París a finales de los años ochenta, explicó que había buscado que el sonido «fuera una parte más de la pieza», detallando que los platos «mantienen la atención y el calor con esos ladrillos refractarios; se repite el juego entre lo individual y lo colectivo». Llamó la atención asimismo sobre «el uso escultórico de las palabras», el juego del título que había comentado Ruiz de Samaniego («Nos son puede leerse también al revés y dice lo mismo, es palindrómico»). El artista también invitó a los futuros visitantes de la fundación a recorrer su instalación de una forma pausada, «viendo cada uno de los distintos ángulos», alegando que se trata de una pieza «con voluntad de intimidad», pensada para ir recorriéndola de forma individual.
De los platos de cerámica al plató de rodaje. Los alumnos de Comunicación Audiovisual andan enfrascados estos días en sus trabajos de fin de curso y uno de ellos es el rodaje de un corto. Ayer, la residencia de mayores de Campolongo fue el escenario donde se filmó Obsoleto, un cortometraje en el que participan una veintena de estudiantes y que está protagonizado por el actor gallego Ernesto Chao. Como dicen sus promotores, la película cuenta la historia de un anciano ingresado en una residencia que, «harto de ver cómo se le escapa la vida, decide emprender una huida». Junto a Chao están otras caras conocidas del audiovisual gallego, como Santi Romai (Mareas Vivas) o Salvador del Río (Matalobos), además de Sonia Rúa, de Teatro de Ningures.
Y del rodaje con la técnica de animación stop-motion, que consiste en aparentar el movimiento de objetos estáticos capturando fotografías, versó el curso al que ayer asistieron alumnos del IES A Xunqueira I en el aula de la Rede CeMIT (Centros para a Modernización e Inclusión Tecnolóxica) en la Facultade de Ciencias Sociais. Los estudiantes trabajaron en este curso en la animación del conocido personaje de la TVG Xabarín, que ahora seguirá en manos de otros alumnos de Secundaria de otras seis localidades gallegas, dando lugar a una pieza final montada por los participantes en las siete aulas.