La Semana Santa pontevedresa que hoy culmina tiene tras de sí una larga tradición, como muy bien se recoge en el DVD editado por la Junta Coordinadora bajo el título de Pasión en Pontevedra. Historia de la Semana Santa. Es obra de José Luis Ageitos Míguez, autor de una tesis sobre la Semana Santa de la ciudad y responsable de los textos, y Ramón Peón Perea, que se encargó de la documentación -ambos miembros de la Junta Coordinadora-. La realización estuvo a cargo de Miguel López Sánchez y la carátula, de Luis Tojal del Casero. Además, la voz en off que narra, en 40 minutos, la historia de la Pasión en la ciudad es de la actriz Mayka Braña, la popular Sara de la serie de la TVG Libro de Familia. Se trata de una obra imprescindible para conocer a fondo las celebraciones de las que hay constancia de su existencia ya en 1351. En aquel año fue el Concello el que asumió la organización de la procesión de Ramos, que hasta ese momento celebraba la Orden Dominica. A partir de ahí comenzaron a surgir el resto de las procesiones que dependían del propio Ayuntamiento y también de colectivos religiosos. Antiguo ceremonial. El Domingo de Ramos también se celebraba la procesión del Ecce Homo, con salida y recogida en San Francisco, acompañada de la Orden Terciaria. Los desfiles continuaban el Miércoles Santo, con la Virgen de la Soledad. El Jueves Santo se representaba en A Ferrería el prendimiento de Cristo, previo a la procesión del día, la de Los Pasos, la más importante. Su celebración comenzó en el siglo XV y los pasos eran portados a hombros por miembros de las cofradías gremiales de la ciudad. La procesión se organizaba en la antigua capilla de la Vera Cruz, en el claustro bajo de San Francisco, y tras discurrir por el templo, salía al exterior, accediendo al interior de las iglesias del recorrido. El Viernes Santo salía la procesión del Encuentro, en la que participaban cuatro imágenes, en lugar de las dos de la actualidad: Cristo con la Cruz, la Virgen, San Juan y la Verónica. Y a primera hora de la tarde, en la iglesia de Santo Domingo, se llevaba a cabo una de las ceremonias más emotivas, la del descendimiento, en la que una imagen de Cristo crucificado era bajada de la cruz e introducida en una urna, organizándose a continuación la procesión del Santo Entierro, que dependía de la Orden Dominicana. Una vez terminada esta, la Orden Terciaria sacaba a las calles la de los Dolores de Nuestra Señora.
Estas procesiones se mantuvieron en el tiempo hasta la desamortización de Mendizábal que tuvo como consecuencia la marcha de la orden Dominicana tras ser exclaustrado su convento, con lo que dejó de organizarse la procesión del Entierro durante unos años, hasta que en 1844 fue recuperada por el Concello. A principios del siglo XX comenzó el declive de las celebraciones, con la supresión de algunos desfiles, como el del Encuentro y luego el del Ecce Homo. Después fueron las procesiones de la Soledad y el Domingo de Ramos, y en 1933, también la del Entierro, recuperada después por el párroco de Santa María, Jesús Mansilla Fernández. Fue la única que se celebró hasta 1948, época en que Luis Pintos Fonseca, coadjutor de San Bartolomé, tomó cartas en el asunto y auspició, un año después, el inicio de las actuales celebraciones. 1949 marca pues, el principio de la actual Semana Santa y el nacimiento de la Junta Coordinadora, organizadora de las procesiones, y cuyo primer presidente fue Vicente Riestra Calderón.