A punto de cumplir sus veinte años en escena (los hará en el 2011), Yllana vuelve a desplegar toda su artillería en el regreso a los escenarios de uno de sus clásicos, 666, que estrenó en septiembre de 1998. Todo un ejercicio de humor negro, canalla y políticamente incorrecto desde su habitual trabajo gestual y visual, en el que pretenden «mostrar el lado más oscuro y siniestro del ser humano». Para ello recurren a una sucesión de horrores disparatados, que arrancan cuando cuatro temibles convictos llegan al corredor de la muerte para ser ejecutados.
La adaptación a su nueva situación, su difícil convivencia, sus relaciones con los guardianes y las desastrosas ejecuciones a las que son sometidos (entre las que se incluyen la silla eléctrica, la guillotina, la muerte por ahorcamiento o la cámara de gas) desencadenan escenas dantescas, convirtiendo, como ellos mismos dicen, el corredor «en un improvisado infierno». En él no habrá salvación para nadie, «ni siquiera para el espectador».
Como ha subrayado el director de la obra, David Ottoner, «666 urge de querer hacer un espectáculo de humor negro». «Cuando te pones a hablar sobre el tema dices ¿qué personajes encajan? Evidentemente, unos presos animales, que son perfectos para un espectáculo así. Meterlos en el contexto de una cárcel era lo ideal... y luego fuimos trabajando diferentes números, trabajando a través de la improvisación».
A lo largo de estos años, Yllana, compañía que gestiona el teatro madrileño Alfil, ha conseguido numerosos premios nacionales e internacionales, y participado en festivales de prestigio como el de Edimburgo, Montreal, Quebec, Grenoble o el Festival de Mimos de Perigueux, entre otros.