Vecinos de O Monte temieron por su vida cuando vieron volar la cubierta metálica del garaje de un edificio de Monte Porreiro
15 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.A partir de las dos de la mañana de ayer, pocos pudieron dormir en el lugar de O Monte, en las proximidades del barrio de Monte Porreiro.
A esa hora aproximadamente, José Luis Martínez, de 55 años, y su esposa Manuela Peón estaban ya acostados cuando escucharon «estábamos no primeiro sono cando escoitamos un estruendo moi grande», en palabras de esta última. Su sorpresa fue mayúscula cuando se percataron que una enorme estructura metálica que servía de cubierta para un tejado de un edificio de Monte Porreiro había volado varias decenas de metros hasta aterrizar en una finca cercana a su casa.
De hecho, solo un vial asfaltado de un único carril separaba el amasijo de hierros del cierre de su propiedad. No es de extrañar que, aún al mediodía, Manuel confesase que «aínda teño o medo no corpo».
Tanto ella como su marido reconocieron que temieron por su vida, un miedo que persistía ante la posibilidad de que se volviesen a repetir los fuertes vientos y su casa volviese a ser amenazada por el fantasma de metal en que quedó convertida la cubierta: «Creo que nin o Hortensia fixo tanta cousa».
En su caso, al igual que ocurre con la familia de Asunción Montoto, la incomunicación que sufrían no se limitaba únicamente al hecho de no poder llegar en coche hasta sus viviendas. Y es que, pasadas las tres de la tarde, aún no se había restituido el suministro eléctrico ni el servicio telefónico.
Esta circunstancia derivó en que se tuviesen que adoptar medidas ingeniosas, mientras temían por los productos que tenían almacenados en sus congeladores y arcones. Así, la hija de Asunción no dudó en servirse de la luz procedente de su teléfono móvil para poder vestirse y acudir al instituto.
Sin tejado
En otros casos, el viento se llevó parte de algún tejado. Un vecino de O Augardenteiro, en las proximidades de la N-541 a su paso por Mourente, vivió el temporal por partida doble. Por un lado, como empleado de Fenosa se vio desbordado con los avisos por cortes en el suministro eléctrico y, por otro, vio como volaba alguna plancha de su tejado. A la espera de solventar el problema, tenía intención de utilizar un plástico para cubrir el espacio que quedó a la intemperie.