El consejo de administración sigue generando ventajas para los abonados con la intención de conseguir que Pasarón ofrezca el mejor aspecto posible en los partidos
12 dic 2009 . Actualizado a las 18:20 h.Los socios son el alma de un club. Esa es una verdad como un templo que algunas entidades tardan años en ver y otras nunca llegan a percatarse de su importancia. El Pontevedra por suerte no está en este segundo supuesto. La entidad granate, que se ha caracterizado en los últimos años por hacer pequeños guiños a sus aficionados más fieles, dio el paso definitivo hacia el «de bien nacidos es ser agradecidos» con la llegada de Fran Crujeiras y Rubén Valverde al club.
El director general y el responsable de márketing tienen claro que el principal activo de la sociedad es el abonado y han apostado por mimarlo ofreciéndole ventajas de las que el beneficiado directo es el propio Pontevedra.
No se trata más que de hacer un intercambio muy favorable para las arcas granates; atraer aficionados invitados por los socios con el objetivo de que Pasarón se convierta en el jugador número 12 en el terreno de juego y que el Pontevedra reciba el impulso extra que necesita para regresar a Segunda División.
Las ventajas más destacadas son la posibilidad de que cada abonado pueda retirar una entrada de forma gratuita para invitar a un familiar, conocido o amigo a acudir a Pasarón. Además, puede comprar una segunda localidad al módico precio de 3 euros. Ahí es nada. La medida no puede ser más acertada porque los asientos vacíos ni animan ni aportan dinero.
Pero el club también ha sabido reconocer el mérito que tienen los socios de fuera de la ciudad al acudir cada dos domingos desde localidades distantes que en algunas ocasiones les obligan a salir de casa con la comida en la boca para tener tiempo suficiente para encontrar un aparcamiento en los alrededores del santuario granate, algo que no suele ser nada fácil.
Estos hinchas foráneos podrán meterle el gusanillo en el cuerpo a otra persona porque el Pontevedra les brinda la posibilidad de obtener gratis una entrada en la misma taquilla de Pasarón, aunque sea cinco minutos antes de que empiece el partido. El único requisito es que acrediten ser de fuera de la ciudad por medio del DNI.
Descuento en Pizza Móvil
Pero la cosa no queda ahí porque los gestores granates han alcanzado un acuerdo con Pizza Móvil que les permitirá incrementar su oferta de beneficios para los abonados. Así, los socios y aficionados en general que acudan a Pasarón podrán disfrutar de un descuento del 50% en el establecimiento citado a lo largo de los días siguientes al partido. Solo tendrán que mostrar el carné de socio o la entrada del último encuentro, en este el que enfrentará a los granates con el Izarra.
El Celta, el peor ejemplo
El ejemplo más cercano de maltrato a los socios está a solo 25 kilómetros de distancia porque los gestores del EuroCelta se pasaron años descuidando a sus incondicionales pensando que los asientos vacíos nunca irían en aumento. Su osadía estaba sustentada por el erróneo razonamiento de que los 20.000 fieles aguantarían el tirón al estar el conjunto vigués entre los mejores de la Liga de las Estrellas.
Y, por supuesto, de buenas a primeras se encontraron con un estadio cada vez más desangelado y frío que los rivales convirtieron en su supermercado particular de puntos. La consecuencia inmediata fue el descenso a Segunda División, en donde en la actualidad sobrevive con más pena que gloria pese a disponer de una población de 300.000 habitantes.
El ex presidente Horacio Gómez está de actualidad por la nefasta gestión económica que realizó en esos años de bonanza deportiva, pero quizá su peor defecto fue no dar cariño a los que sustentaban el proyecto con sus gritos de aliento gastándose entre 250 y 600 euros a costa de dejar de ir de vacaciones o de salir a cenar todos los fines de semana.
Política errática
Esa política errática y en cierto modo incomprensible no la cambió su sustituto Carlos Mouriño, que parece tener mejor prensa en la ciudad olívica. Éste perdió una oportunidad de oro para mejorar las cosas porque en su primera temporada en el cargo se encontró con el reto de salvar al Celta del segundo descenso consecutivo.
Sin embargo, siguió los pasos de su antecesor y mantuvo el estadio vacío con localidades por encima de los 30 euros cuando el equipo se jugaba la vida. El encuentro con el Levante, como se esperaba, fue clave y Balaídos no se llenó porque no se incentivó a los aficionados. El Celta perdió por 1-2 y prácticamente perdió la categoría. Lo curioso es que con un empate se habría salvado a falta de una jornada porque el Athletic y el Levante se jugarían la permanencia a una carta en la Catedral. Es decir el Celta bajó por unos pocos euros de regalo al público que serían insignificantes dentro de la impresionante deuda que ya se atisbaba desde fuera del club.
Mientras, los otros implicados en el descenso, Bilbao, Betis, Levante, Real Sociedad o Mallorca, optaron por poner entradas a disposición de los socios y en algunos casos público en general a dos, tres o cinco euros para llenar el campo en esos duros momentos. Y la apuesta les salió bien. Los estadios estuvieron a rebosar y salvo la Real, todos se salvaron. Por ello, la decisión del Pontevedra merece un gran aplauso.