Buena interpretación músico-vocal y dramática

Leopoldo Centeno

PONTEVEDRA

Con el cartel de localidades agotadas, el Centro Social Caixanova de Pontevedra fue escenario de la representación de Don Giovanni, composición del genial músico salzburgués Wolfgang Amadeus Mozart en colaboración con el libretista Lorenzo da Ponte, cuyo estreno tuvo lugar en el Teatro Nacional de Praga el 29 de octubre de 1787.

La compañía holandesa International Opera Production, formada por solistas vocales de diversos países, fue la encargada de la puesta en escena en nuestra ciudad.

Por otro lado, la orquesta integrada por 33 profesores (con clavicémbalo incluido) y el coro por 32 voces (todos ellos de origen ucraniano), fueron dirigidos por el filandés Kevin Mallon. Esto que a simple vista parece un babel, dio como resultado un espléndido espectáculo operístico. La máxima sobriedad del decorado ha permitido a los espectadores centrarse más en la interpretación vocal y en la dramatización de sus principales intérpretes, lo cual, en el fondo, es lo que realmente cuenta.

Drama bufo

Este drama bufo en dos actos se centra en el personaje seductor y libertino de Don Juan: un galanteador audaz, pendenciero y chulesco, prototipo del machismo. Su lista de mujeres seducidas superaba la cifra de dos mil, vanagloriándose de sus conquistas, fuere cual fuere la condición de éstas.

Los problemas se planteaban con los esposos burlados o los padres injuriados, situación que solucionaba con su destreza en el uso de la espada o huyendo por puente de plata, sin escrúpulo ni remordimiento. Hasta que topó con Doña Ana, hija del comendador, el cual muere a manos de Don Juan cuando salía en defensa del honor de su hija y cuya venganza llevará hasta sus últimas consecuencias.

La maestría compositiva de Mozart apoyada en el libreto de Da Ponte, dio a luz una obra espléndida, reconocida mundialmente.

La reducida orquesta (habitual en la época de Wolfgang Amadeus Mozart) sonó muy bien, quedando de manifiesto su calidad con la interpretación de la Obertura. Arropó con elegancia a los cantantes y creó el adecuado clímax dieciochesco, máxime con el apoyo del clavecín en todos los recitativos.

Cantantes de gran nivel

Tanto los primeros cantantes-actores como los secundarios han tenido un buen nivel interpretativo, tanto canoro como a nivel teatral. A la postre, ha resultado lo mejor de la representación, alcanzando un digno nivel.

Así, el barítono Sebastián Huppmann (Don Giovanni), se mostró como un intérprete de fina apostura, con dotes de actor y poseedor de buen color, potencia y flexibilidad vocal, haciendo gala de cierto gracejo; cantó muy bien.

El bajo Hans Pieter Herman (Leporello, el criado de Don Juan), asimismo con cualidades de actor, gracia, ligereza y voz potente. Karina Skrzeszewska (Doña Ana), soprano, con buena expresión vocal, voz poderosa y vena dramática, con cualidades teatrales; ofreció arias de gran belleza.

Janny Zomer (Doña Elvira), soprano con tinte dramático (más próxima a la mezzo), de buen registro vocal, fuerza expresiva y agilidad canora, potente en su volumen. El tenor Dariusz Pietrzykowski (Don Octavio, pretendiente de Doña Ana), de poco volumen, si bien de buen color vocal y seguridad en los ataques.

La soprano Gonnie van Heugten y el bajo Mikko Järviluoto, en los novios campesinos Zerlina (de voz dulce, como requiere su papel) y Masetto (de potente voz y ajustada actuación). Completó el elenco de solistas el bajo Yuriy Kudryavtsev, en el rol del comendador. Un magnífico grupo de cantantes, unido al de un coro sin mucho papel vocal.

Cuatro minutos

Los aplausos que se sucedieron a lo largo de la representación, se intensificaron al finalizar el primer acto y, máxime, a la conclusión de la obra con una fuerte y cálida ovación por espacio de cuatro minutos, mientras saludaban reiteradamente los solistas, coro y figurantes, junto al director y varios músicos de la orquesta.

Dentro de la sencillez escénica, la actuación músico-vocal y dramática brilló con luz propia.