Con la mayoría del aforo cubierto por un público deseoso de presenciar una buena representación teatral, el Centro Social Caixanova de Pontevedra dio acogida a la obra de Michel Tremblay Por el placer de volver a verla, título que nos hizo recordar el correspondiente a la popular canción de Cole Porter: Begin the beguine (En español: Volver a empezar).
Michel Tremblay empezó a triunfar como dramaturgo poco tiempo después de la muerte de su madre. En homenaje a su progenitora y en amor al teatro, escribe esta obra en tono de comedia, de carácter intimista, si bien con importantes sensaciones en la vida personal; preñada de un humor limpio y basada en el importante flujo del amor materno-filial, siempre con la intención puesta en el gran placer de volver a verla, de recordarla, de recrearla? de volver a apoyar la cabeza en su amoroso regazo.
Concebida en unos ocho cuadros, la obra nos evoca a un escritor, director y simple actor (Miguel), que enlaza sus recuerdos del pasado con el presente. Su madre (Nana), era una persona luchadora, preocupada, inteligente, trabajadora infatigable, lectora de novelas rosa, la cual inculcaba siempre a su hijo el hábito a la lectura y al trabajo responsable. Miguel, leía a los clásicos y con el tiempo llegó a ser un renombrado escritor teatral.
Añoranza
La añoranza de su madre muerta (con su machacona insistencia deseando lo mejor para él) hace que escriba una obra llena de emociones y sentimientos, en la que huelgan las palabras malsonantes, impregnada con el perfume de un sano humor, donde enlaza con gracia el placer del teatro dentro del teatro; simplemente, por el placer de volver a verla; de Volver a empezar, como dice la letra de la canción mencionada.
Solamente dos actores intervienen en la obra que tratan en diálogos y monólogos un texto más que aceptable, vivaz, entretenido y bien hilvanado, con diversas citas líricas, conformando una obra dirigida directamente al corazón del público; por ello, a más de un sensible espectador se le han humedecido los ojos al presenciarla porque, por asociación de ideas, han puesto el corazón en su madre que ya no está y en la magia que produce el teatro al evocar «el placer de volver a verla».
Grandes actores
Para crear esta química, dos grandes actores (matrimonio en la vida real) han puesto toda su energía y capacidad interpretativa sobre las tablas: Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza, los cuales junto al director de la obra, Manuel González Gil, son los autores de la versión española de la obra.
Estos dos actores de sólido oficio nos han hecho recordar su paso por nuestra ciudad en el año 2004 con su espléndida interpretación de Hoy, El diario de Adán y Eva, de Mark Twain, bajo la misma dirección artística. En la presente ocasión, ya más maduros en tablas, recrearon una obra amable y llena de sugerencias, con el empleo de dos registros bien diferenciados. Él: tranquilo, sosegado, paciente? con una voz un tanto opaca hacia el final de la obra; ella: vital, activa, inquieta, penetrante, habladora? con un fresco y musical timbre de voz. Ambos hicieron creíbles sus personajes.
Una aparente simpleza de medios, coadyuvaron a la feliz representación: Una escenografía funcional y ágil dentro de la poca movilidad que puedan aportar dos únicos personajes contando su historia familiar; el sencillo y variado vestuario de la protagonista en cada escena o cuadro; la música e iluminación y, por supuesto, una dirección acorde con la obra.
El numeroso público asistente salió muy satisfecho con la representación, tras haber disfrutando de una interesante velada en base al placer proporcionado por el teatro dentro del teatro. Sumamente agradable y entretenida.