Pasión por el balonmano

Chelo Lago

PONTEVEDRA

El padre empezó a jugar a los 11 años y desde entonces permanece fiel a un deporte en el que ahora es directivo y que también practican sus dos hijos

25 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Hablar de los Picallo es hablar de deporte. El abuelo fue vicepresidente del Pontevedra, pero su hijo Santiago y sus nietos, Santi y Pablo, se decantaron por el balonmano. Los inicios del padre fueron a través del colegio San José, dirigido por el desaparecido Germán de la Iglesia, un hombre también del deporte. «No teníamos gimnasio -recuerda- pero tres días a la semana íbamos al Pabellón Municipal, y allí empezamos. Teníamos como profesor de Educación Física a Rafael Sánchez, Fis, otro histórico del balonmano y alma máter, con Manolo Corrochano, del club Cisne».

Ese entrenador, en solo tres meses, formó un equipo que quedó campeón provincial alevín. Entonces contaba 11 o 12 años y al año siguiente volvieron a competir con el colegio San José. Superada la etapa del colegio se fue al Instituto, y una vez allí, se incorporó al equipo cadete del Cisne, pasando por todas las demás categorías del club que ahora preside. «Desde entonces -dice-, he estado toda la vida metido en el club».

Además de jugador «era segunda línea, extremo izquierdo y también derecho, y hasta jugué de pivote». Entrenó a alguno de los equipos infantiles y ayudó en la tarea de dirigir a Eduardo Covelo. Comenta que la visión del balonmano es muy distinta según el puesto que ocupes. «Como más disfrutas es como jugador. En las gradas lo paso mal porque siempre fui un poco guerrero, lo vivo mucho. Si estás en el campo, está de tu mano poder resolver las cosas y disfrutas, ganes o pierdas, si lo haces contra un buen equipo y como Dios manda».

Como entrenador, el tema se complica más. «Los chavales de ahora son menos disciplinados que nosotros antes. De aquella tenías fútbol o balonmano, no había más, y te entregabas a ello en cuerpo y alma. Ahora tienen muchas más opciones, se sale de noche a edades más tempranas y se lo toman como un hobby, por lo que en el banquillo se sufre más, pues quieres que rindan al máximo nivel».

Pero la faceta más complicada es la que desempeña ahora como presidente. «Como directivo los números son realmente lo que te preocupa, y más ahora, que estamos en una época bastante mala y el apoyo privado se reduce, con lo cual todo se complica». Confiesa que como todo ex jugador, es más exigente con sus hijos en la cancha, aunque afortunadamente, «no llevo esa imagen del padre que corre la banda más veces que el hijo, que es muy del fútbol, y que le da casi más instrucciones que el entrenador».

Comenta también que ahora, los padres son más aficionados de sus hijos que del club y eso se nota mucho «porque desgraciadamente, cuando el niño se va del equipo, los padres se dan de baja como socios».

Su hijo menor, Pablo, también es extremo. Habitual de la selección gallega, se proclamó con ella subcampeón de España en la categoría cadete. «Pablo tiene muy buenas características, no es tan rápido como yo, pero técnicamente es mucho mejor», asegura el padre que, entre risas, comenta que esa afirmación nunca la reconocerá delante del chaval. A pesar de su edad, es juvenil de segundo año, está entrenando y jugando ya con el equipo de Primera Nacional aunque también compite en su categoría.

Pablo manifiesta sentirse «muy a gusto con sus compañeros sénior», y dice, con timidez, que «aprendo mucho». Tiene entre sus jugadores favoritos al extremo del Barcelona, Juanín García, además del central del Valladolid Havard Tvedten y Martín Stranosky, del Ademar.

Su hermano mayor, Santi, es portero, y también estuvo en varias convocatorias con la selección gallega. Acabó la pasada temporada en juveniles y esta se la tomó de descanso, «por problemas en la espalda». De todos modos, está acudiendo a entrenar con el equipo de Primera Nacional del Cisne, en el que ejerce de delegado. Su referente en la portería es Kasper. El padre subraya el mérito de Santi, «porque es un jugador muy bajo para ser portero. Pero tiene mucha garra, vive mucho los partidos, y suple las carencias físicas con una muy buena técnica en la portería y con mucha valentía».