La Festa do Marisco desde el otro lado del mostrador

PONTEVEDRA

Unas 200 personas trabajan en el recinto y muchas más al amparo de este evento

11 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El día a día de la Festa do Marisco de O Grove se puede ver y contar desde dos perspectivas. La que se sitúa del lado de las miles de personas que llegan de toda España y de Portugal para disfrutar de esta bacanal de los sabores del mar, y la que conforman las alrededor de 200 personas que a lo largo de diez días trabajan para que todo funcione lo mejor posible.

Una fiesta de esta magnitud requiere una logística importante y todas las manos resultan pocas. Muchos empleados municipales hacen horas extras, pero aún así no es suficiente. De modo que el Concello recurre a los llamados «voluntarios de la fiesta»: personas que colaboran con el Concello a cambio una contraprestación económica -que suele rondar los 500 euros por edición- pero sin ninguna relación contractual. Este año son 130 y otros 70 se quedaron por el camino dado que la demanda de empleo superó la oferta esta vez.

A los 130 hay que sumar el personal que desplazan las empresas que explotan los puestos de degustación, llegando así a los dos centenares.

Entre el personal que depende directamente del Concello están las cajeras. Catorce chicas -en la historia de la fiesta no se recuerdan varones despachando tiques- aunque sí suelen ser hombres los encargados de coordinar el servicio. Molinos cumple ya más de una década supervisando las cajas, que dejan lejos aquellos tiempos en que había que pagar en el mismo mostrador donde servían la ración de pulpo.

El perfil de las cajeras es el de joven vecina de O Grove, estudiante o en paro que, como los demás trabajadores de la fiesta, aprovechan estas fechas para ganar un dinero extra. Su horario corre parejo al de apertura del recinto: de 11.00 a 16.00 horas y de 19.00 a 22.45 horas, los fines de semana y festivos. Entre semana, la jornada se acorta una hora. María Gómez es la veterana, lleva siete años en este puesto y lo que más valora «es que se cumplen los horarios». El balance, en general, es positivo aunque estar de cara al público no siempre es fácil. No falta algún impaciente que se deja notar en la cola y el despistado de turno. Según cuenta María, todavía hay quien se acerca al mostrador pensando que el marisco es gratis y se llevan el gran chasco. Para Raquel, todo es nuevo. Es su primer año como cajera y está «encantada».

La veteranía

Quizá no con tanto entusiasmo pero otros voluntarios más veteranos también afrontan la tarea diaria de buen talante. Pepita y Carmen, que atienden el puesto de las almejas a la marinera, son un buen ejemplo. La primera empezó hace más de una década y espera seguir con este cometido en el futuro. En estos años ha sido testigo directo de la evolución de la Festa do Marisco y constata que, edición tras edición, ha mejorado el servicio y la afluencia de público. Dice Pepita que, por norma general, la gente es amable y que ha servido ya almejas a gentes llegadas de todas partes de España. También a sus vecinos de O Grove, especialmente los fines de semana.

Pero no todo el personal tiene el marisco entre las manos. El recinto debe ser seguro y de ello se encargan una treintena de voluntarios de Protección Civil. Policía Local, personal de limpieza, azafatas y monitores completan el plantel. Hasta Jorge, el vendedor de la ONCE, tiene más trabajo estos días con motivo de la fiesta.

Fuera del recinto, la repercusión sobre el empleo, y por tanto sobre la economía local, es todavía mayor. El sector de la hostelería de O Grove es de los pocos de Galicia que puede presumir de alargar la temporada alta hasta el mes de octubre.