«Un Plan General es una bomba y exige una gran esfuerzo de consenso»

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Passolas fue uno de los padres del PGOU de 1989 aún vigente y subraya que el éxito de su estabilidad y duración fue el apoyo de todos grupos políticos, salvo el BNG

03 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Elena Larriba Es andaluz de Jaén, vivió también en Granada y en Sevilla y siendo un niño su familia se trasladó por motivos laborales a Madrid, donde se formó como arquitecto. Su padre era notario, pero recién aprobada la oposición le pilló la Guerra Civil en su pueblo natal de Motril, zona republicana, y nunca pudo ejercer por ser contrario al Régimen.

Eugenio Jiménez Passolas empezó a trabajar muy joven con unos arquitectos madrileños mientras hacía la carrera. Y en el estudio de al lado se instaló otro arquitecto, José María Pérez González, Peridis, más conocido por su faceta de dibujante de humor en la prensa nacional, con el que acabaría asociándose profesionalmente.

Su aterrizaje en Pontevedra tiene bastante que ver con Celestino García Brañas y Ana Fernández Puente, compañeros de curso y amigos de Passolas, y con César Portela, al que conoció a través de ellos. Le animaron a venirse a esta ciudad y aquí empezó a trabajar en 1973 como técnico de control en la delegación del Colegio de Arquitectos, que años más tarde presidiría.

De aquella era el Colegio de León, Asturias y Galicia, y Jiménez Passolas participó activamente en la separación territorial y en la creación del actual Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia. Se fundó en septiembre del 73 con 124 arquitectos y él conserva el número 122 de los 3.800 que tiene hoy en día la entidad. «Entonces hacíamos política colegial, que era la única que se podía hacer, aparte de la clandestina», apunta.

Esa clandestinidad la practicó como militante activo del Partido Comunista de Carrillo durante ocho años, hasta su legalización en abril de 1977. «El PC tenía un aura romántica clandestina que ya no había en la democracia», comenta.

La política llamó de nuevo a su puerta en 1987, cuando Chalo Adrio le propuso integrarse como independiente en la lista del PSOE al Concello de Pontevedra. Estuvo ocho años como concejal, presidió la Comisión de Urbanismo y le queda el orgullo de haber apadrinado el aún vigente Plan General de Ordenación Urbana, aprobado en diciembre de 1989 casi por unanimidad, con un único voto en contra el BNG.

Objetivo cumplido

La corporación de 1987-1991, presidida por Rivas Fontán, tenía un gran componente técnico. Formaban parte de ella ingenieros, arquitectos, aparejadores y economistas. «Los partidos procuraron listas acordes con el gran reto del mandato, sacar adelante el PGOU», explica.

La redacción ya había sido encargada al equipo de González Cebrián, amigo de Passolas, con quien compartió años de docencia en la Escuela de Arquitectura de A Coruña. «Cuando llegamos nosotros poco se había hecho, Rivas tenía el plan parado, muerto en un cajón, y conseguimos reactivarlo y sacarlo en cuatro años», explica.

«La gestación dentro del Ayuntamiento fue difícil -reconoce- porque partíamos de posturas muy distintas, pero después de un centenar de reuniones y maratonianas sesiones, conseguimos llegar a un acuerdo final en el que todos cedimos, menos Lores».

Precisamente, para este arquitecto uno de los grandes aciertos del PGOU del 90 fue que lo asumieron prácticamente todas las fuerzas políticas. «Eso le dio estabilidad y durabilidad». Por contra, el fallo estuvo, si acaso, en que «el modelo que proponía era muy tradicional y conservador, como correspondía a una ciudad que no es la de hoy y a un ayuntamiento que entonces tampoco tenía unos servicios técnicos de la magnitud de ahora», señala.

Eugenio Jiménez Passolas recuerda su idea era crear una oficina de desarrollo del PGOU «que fuera por delante de la iniciativa privada en el cumplimiento de sus previsiones de abrir ciudad, algo que no se consiguió», añade. En todo caso, cree que el del 90 fue un buen Plan porque «consiguió pacificar la ciudad en lo que se refiere a la construcción durante dos décadas». Con eso se da por satisfecho. Y recuerda al alcalde, Fernández Lores, que pese a su rechazo de entonces, «lo ha estado utilizando estos diez últimos años satisfactoriamente y le ha resultado muy efectivo para tranquilidad de su gestión».

Nuevo reto

La corporación actual está ahora inmersa en la elaboración de un nuevo Plan Xeral de Ordenación (PXOM) que sustituirá al anterior. Y Jiménez Passolas es muy crítico con lo que está pasando. «Llevan cuatro o cinco años con los trabajos de redacción y todo lo que hemos visto hasta ahora es un avance de cuyo contenido se desmarcó el equipo de gobierno, mientras la oposición anticipa que si gobierna revisará el Plan que aún no está aprobado».

«No necesitamos un referéndum, a mí me basta con ver a mis representantes actúen con sentidiño y se pongan de acuerdo en un documento que no sea una imposición para nadie, ni ahora ni cuando gobiernen otros», recalca.

Entiende que la efectividad y vigencia de un plan se basa tanto en su contenido como en su respaldo político «y veo que el documento actual carece de lo segundo». Recuerda a los políticos actuales que «un plan general es una bomba de relojería por definición». Y les pide «un esfuerzo de consenso para evitar el enfrentamiento social y no vernos dentro de cuatro años otra vez metidos en la tarea».