Broche multitudinario en Vilagarcía

PONTEVEDRA

Cerca de 30.000 personas pusieron el punto final a las fiestas de San Roque con un espectáculo pirotécnico que volvió a llenar a rebosar las calles de la capital arousana

24 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

San Roque 2009 ya es historia. Ayer, Vilagarcía puso el punto final a una de las ediciones más concurridas de sus fiestas patronales. El desfile de carrozas y la Festa da Ameixa de Carril volvieron a arrojar sobre la capital arousana a miles de personas. Pero el verdadero broche había llegado horas antes. El sábado, a medianoche, con un espectáculo pirotécnico que constituye un verdadero clásico, capaz de rivalizar, a su manera, con la Festa da Auga: el Combate Naval.

En esta ocasión, el Concello desplegó un importante operativo para tratar de minimizar el hecho cierto de que Vilagarcía sea una auténtica ratonera para el tráfico, fenómeno que se desvela en toda su crudeza cuando el aporte de visitantes es importante. Las retenciones comenzaron pronto, ya que el volumen de circulación rodada creció exponencialmente a partir de las nueve de la noche. A diferencia de lo ocurrido durante la víspera del Auga, momento en el que durante seis largas horas solo cuatro agentes municipales patrullaron las calles, sí hubo un importante despliegue policial centrado, fundamentalmente, en intentar reducir las consecuencias de tanto automóvil en las calles. El principal inconveniente, no obstante, fueron las vallas pensadas para encauzar a los peatones, que al acabar los fuegos fueron desbordadas.

La verdad es que casi cualquier sitio servía para aparcar. Las bolsas de estacionamiento que, como la existente en la estación de ferrocarril, se habían propuesto para dar servicio al enorme contingente de vehículos, pronto comenzaron a saturarse. Y casi cualquier sitio comenzó a hacerse bueno para dejar el coche. La subida hacia A Torre desde la estación de autobuses, por ejemplo. Y, aunque no faltaron problemas, el operativo puesto en marcha por los responsables municipales funcionó razonablemente bien. Es más, incluso la Policía Local, que calcula el número de participantes en la velada en unos 30.000, devolvía las llamadas relacionadas con problemas de aparcamiento en cuanto a los agentes les era posible.

Los fuegos, cuya ubicación fue modificada hace un par de años para conseguir que los espectadores puedan seguirlos desde la playa de A Concha-Compostela y Carril, comenzaron puntualmente, a medianoche, y se prolongaron a lo largo de tres cuartos de hora. El responsable municipal de Cultura y teniente de alcalde, Xosé Castro Ratón, negoció con el presidente de la Autoridad Portuaria, Javier Puertas, las medidas de precaución precisas para que en el muelle de O Ramal no se produjesen problemas. Y el esquema también funcionó, aunque los inconvenientes relacionados con el densísimo tráfico fueron constantes en los prolegómenos del combate.

Tres horas después de que el espectáculo hubiese finalizado todavía podía verse gente en los bares y tabernas de Carril, además de en los pubs y establecimientos del centro de la capital arousana. Todo un salvavidas para la hostelería local, castigada por el mal tiempo de julio.