La lluvia enriqueció los callos

PONTEVEDRA

A sus 19 añitos, la fiesta gastronómica de Meis demostró ayer que no hay elemento meteorológico que pueda con ella

13 jul 2009 . Actualizado a las 09:59 h.

Los metereólogos acertaron: ayer la lluvia volvió por sus fueros y las nubes pintaron los cielos gallegos de un gris plomizo. Los responsables de organizar la Festa dos Callos de Meis, al ver semejante panorama, se echaron a temblar. «Pensamos que nos ía fastidiar a choiva», confesaban a la una y media de la tarde, enfundados en sus camisetas verdes y sin parar de moverse. Por que, finalmente, la lluvia no había logrado quitarle esplendor a esta romería gastronómica, si no todo lo contrario. «Está saíndo todo moi ben, moi ben», reconocían los atareados encargados de vender los bonos, servir raciones o despachar botellas de vino.

Desde bien temprano, las mesas habilitadas bajo una gran carpa blanca se llenaron de comensales. La organización había pensado en todo para evitar a sus cientos de invitados las largas colas. Hasta una voz, a través de la megafonía, intentaba luchar contra un elemento contra el que poco se puede hacer: la lentitud con la que algunos comensales abandonaban sus bancos una vez rematado su buen plato de callos.

Pero la voz de la conciencia que llegaba a través de la megafonía también imprimía agilidad a los relevos bajo las carpas. Aún así, fueron muchos los que optaron por no hacer cola en el recinto ferial y por comerse el suculento cocido en su casa, lejos del mundanal ruido. Armados con tarteras y potas de todos los colores y tamaños, muchos hacían cola en la carpa para «recoger y llevar». Luego, cargando con su comida recién preparada, emprendían el camino de regreso a sus casas. En la calle principal de Mosteiro, a los pies del recinto de la feria, se les veía esperar al coche que debería recogerlos y llevarlos directamente a la mesa de su casa.