Sobre una idea de Lorena Lores y bajo la dirección general de la misma, se ha presentado en el Centro Social Caixanova el musical CabareTango: Un espectáculo monográfico de baile-canción dedicado al tango, del que el irrepetible Enrique Santos Discépolo dijo en alguna ocasión y para siempre que «el tango es un pensamiento triste que se baila». Por medio de la música y la danza, el espectáculo narra la historia del tango y sus orígenes, partiendo de la época de la emigración, principalmente de gallegos e italianos, al Río de la Plata en Argentina, algo que le atañe a Lorena Lores como a quien escribe estas líneas, ubicando su acción en un cabaret de los años 50 en Buenos Aires, a través del hilo conductor de una cuidada locución.
Los primeros tangos no llegaron a nosotros porque no fueron escritos al papel pautado. La mayor parte de las orquestas primitivas, realizaban improvisaciones y por ello de la música no ha quedado nada escrito, habida cuenta que la mayoría de los intérpretes y directores de estos conjuntos eran analfabetos, musicalmente hablando. No obstante, el primer tango del que se tiene noticia quizá haya sido Dame la lata (1880), del compositor Juan Pérez, y de ahí a la modernidad de los compuestos por Astor Piazzolla ha pasado poco más de un siglo, pero la evolución ha sido enorme. Como es lógico, existe variedad de estilos; así, a diferencia de sus vecinos uruguayos que lo bailaban con grandes pasos (a tranco largo), los bonaerenses apretaban su baile, de ahí el dicho de que «para bailar tango, con una baldosa basta y sobra».
El show consistió en la interpretación o parodias de 21 tangos, distribuidos en 11 grupos tales como Tango, Crisálida, enamorado, desamor, irónico, ególatra, nómada, cabaret, enloquecido, diversidad, realidad y bien porteño. Sin solución de continuidad, su duración ha sido de 90 minutos, siendo sus números cálida y largamente aplaudidos por el público, cuyo espectáculo le resultó muy placentero.
Se inició con el grupo de Tango crisálida, donde fue ofrecido el celebérrimo tango El choclo, de Discépolo y Ángel Villoldo (h. 1898), en cuyo texto leemos: Al evocarte? / Tango querido? / Siento que tiemblan las baldosas de un bailongo / y oigo el rezongo de mi pasado. / Hoy que no tengo / más a mi madre / siento que llega en punta'e pie para besarme / cuando tu canto nace al son de un bandoneón. Todo un significado. En el último grupo titulado Tango bien porteño, fue interpretado el más universal de los tangos: La cumparsita, del uruguayo Gerardo Matos Rodríguez (1917). Por medio, temas tan conocidos como El día que me quieras, Sin palabras, Nostalgia, La morocha, Volver, Vuelvo al sur, Se dice de mí, La última curda, Balada para un loco, Cambalache, etc. Entre los que destacan diversos tangos de Piazzolla, con sus ritmos sincopados y armonías modernistas, casi todos estos solamente bailados.
En cuanto a interpretación, destaquemos las intervenciones vocales de casi todos los cantables a cargo de la protagonista, Lorena Lores, la cual se constituyó en la luminaria de este musical, en el que lució un variado vestuario. Lorena cantó, declamó y bailó en ocasiones; lo hizo con voz y estilo amalgamado: entre tanguismo, cuplé y aire de vedette, centrado en el glamour del cabaret, sin caer en la exageración o en el amaneramiento. Muy digna la coreografía de los bailables debida a Alejandra Heredia y Mariano Otero (ballet clásico en los primeros números y luego, de forma sofisticada, danza tradicional en los restantes, cuidando la pulcritud y buen gusto), que a su vez formaron pareja de baile junto a las integradas por Bárbara Palmer/Nelson Silva y Paula Villaroel/Adrián Luppi. A muy buen nivel han estado los cuatro músicos de la orquestina: Juan González, violín (asturiano); Gustavo Barcia, contrabajo (gallego), Artigas Anello, bandoneón (uruguayo) y Lucas Llumá, piano y dirección musical (argentino); amén de los artistas invitados: Diego Alcántara, guitarra y voz y Enrique Estrada, guitarra. ¡Un interesante CabareTango!