Hoy está previsto que concluya en la Audiencia de Pontevedra el juicio contra los cinco acusados de haber organizado un transporte de casi quinientos kilos de cocaína desde O Salnés hasta Cataluña. De este modo, además de las conclusiones e informes finales del fiscal y de los abogados defensores, en esta jornada tomarán la palabra los peritos que participaron en la instrucción.
Durante la jornada de ayer, uno de los testimonios más esclarecedores fue el que prestó el responsable de la investigación que permitió el decomiso de este alijo. Reconoció que, en un principio, llegaron a creer que el camión era una pista falsa, un señuelo para despistarlos e introducir una importante cantidad de droga por otro punto.
Aludió a que las sospechas se centraban en que los estupefacientes fuesen propiedad de un narco recientemente fallecido en la comarca arousana,
Sin embargo, al escuchar las conversaciones que mantenían mientras se desarrollaba el transporte, comprendieron que «el camión estaba lleno».
Con esta certeza, los funcionarios de Vigilancia Aduanera decidieron actuar e interceptar el vehículo. Un primer intento resultó infructuoso cuando el conductor supuestamente hizo caso omiso a los requerimientos de que se metiese por un desvío de la autovía A-52.
Instantes después los ocupantes obedecieron y el vehículo se detuvo en las inmediaciones de la localidad de A Mezquita.
El responsable del servicio sostuvo que Agapito Juez le indicó que transportaba papel «o algo así». Sin embargo, en el tráiler, tras una primera línea de palés, fueron hallados «los clásicos ladrillos de un kilo de cocaína», que iban ocultos en cajas de cartón del tamaño de un televisor de veinticinco pulgadas.
En su intervención, reseñó que el conductor mostró «actitud de resignación», mientras que su acompañante, Julián Guerrero, «preguntaba qué pasaba allí, qué era todo eso».