Desde ayer, los clientes de la cervecería Barbol, en pleno casco histórico, tiene ocasión de degustar una rubia de excepción. Y es que, tal y como reseñó Elena Meis, «es la primera vez que se trae a España» la Cask Ale, variedad de Bishops Finger. Por si fuera poco, el Barbol es el único local de Pontevedra donde se podrá ofrecer esta cerveza inglesa que, en un principio, «iba a venir en el barril originario de madera, pero, finalmente, dado que no soportaba el viaje, vino» en uno metálico. Esta cerveza pertenece a la casa de Shepherd Neame, una de las fábricas más antiguas de Inglaterra con 310 años y a Galicia han llegado dieciséis barriles.
La elaboración tradicional no es lo único que diferencia a esta cerveza de otras. Así, «cada cliente se sirve su pinta» -a 3,6 euros- y se trata de una bebida «que no tiene dióxido de carbono», con lo que con ella se acabaron las curvas de la felicidad. Asimismo, cada barril debe consumirse en un máximo de cinco o seis días. Lo que quede pasado ese tiempo, se tira. Aunque, a la vista de la expectación generada -hay grupos que han reservado ya sus pintas-, todo apunta a que nada será desperdiciado.
A diferencia de los británicos, no tienen inconveniente en tomar determinadas marcas a temperatura ambiente, los pontevedreses la prefieren siempre fría. De hecho, el barril llegó al Barbol hace una semana y ha pasado estos días «aclimatándose al local para que el lúpulo se estabilice». El jueves por la noche se pinchó el barril para tenerlo todo listo para la jornada de ayer. Fue su proveedor, Cervigal, quien, con profesionales de la talle de Rafael Iglesias, posibilitó que la Cask Ale aterrizase en Pontevedra. Textura. Los entendidos no dudan en resaltar que se trata de una cerveza «con un sabor muy inglés, muy bitter, un poco amarga. Es malta y lúpulo. Totalmente diferente. Además solo tiene cinco grados. Es muy suavita», resaltó Elena Meis, quien subrayó que «lo bueno es beberse una pinta, no una caña, aunque si alguien quiere no se pone inconveniente».
La Cask Ale no es ni mucho menos la única birra que ofrece el Barbol, todo un centro neurálgico para los cerveceros pontevedreses. La carta que ofrecen ronda el medio centenar de marcas en botellas, así como disponen de cuatro tiradores de barril, «uno de los cuales es rotatorio. Es el que siempre cambiamos. Tenemos una rubia fuerte alemana, que es la Spaten, una rubia floja, la Urquell, y un tostada», matizó. Además, para acompañar a cada trago, se ofrecen un amplio surtido de tapas: «Nosotros tenemos la novedad de que ofrecemos pincho a elegir». Es el reino de Elena Veiga, madre de Elena Meis y socia en el negocio. Ella se encarga de cocinar platos a la altura de la mejor de las cervezas. No en vano, «el alma del bar es la cocina, pero nosotros también apostamos por una cerveza buena, de importación. Cerveza nacional la tienes en miles de bares. Si quieres una Estrella de Galicia, y a mi me gusta mucho, la tienes en muchos sitios».
Elena Meis, a quien acompañan Faustino Meis y Esther Argibay, no dudó en afirmar que los reyes de la cerveza son los alemanes, los belgas y los checos. Aunque si lo que se busca es algo diferente, algo nuevo, y que tal vez no vuelve a pisar territorio pontevedrés: ahí está la Cask Ale. Eso sí, no hay que perder de vista que la oferta dura únicamente unos pocos días, lo que dure el barril.