La red de réplicas de relojes de lujo actuó en, al menos, once provincias


La policía judicial de la Guardia Civil de Pontevedra ha constatado que la desarticulada red que comercializaba relojes de lujo falsos traídos de China ha actuado, en al menos, once provincias españolas. De este modo, y a falta de cerrar una investigación en la que «hay unos flecos todavía abiertos», según precisó un portavoz del instituto armado, la Guardia Civil ha detectado envíos contra reembolso de mercancía a Pontevedra, A Coruña, Vizcaya, Guipúzcoa, Gijón, Barcelona, Valencia, Alicante, Sevilla, Málaga y Guipúzcoa.

Es por ello que no se descarta que se practiquen nuevos arrestos a lo largo de los próximos días.

Este caso se inició en abril del 2008 cuando los agentes involucrados en otra investigación y coordinados por uno de los juzgados de instrucción de Cambados tuvieron conocimiento de la posible existencia de este entramado. Este tipo de situaciones se suelen dar «con cierta frecuencia», reconocieron desde el instituto armado.

De hecho, la operación Rolex ha derivado en un segundo operativo que puso al descubierto lo que se cree es una pequeña trama radicada en la ciudad de Pontevedra y supuestamente especializada en la venta de decodificadores ilegales para la Televisión Digital Terrestre.

Tirando del hilo, la Guardia Civil ha terminado deteniendo a dieciséis personas en distintos puntos del territorio nacional y ha practicado cinco registros, que han posibilitado el decomiso de casi medio millar de réplicas falsas de relojes de lujo.

Cartier, Omega, Breitling, Armani, Gucci, pero, sobre todo, Rolex. Se trataba de falsificaciones de una calidad excelente. No en vano, a juicio y criterio de los peritos y expertos de algunas de estas marcas, «son muy buenas. Hasta el extremo que algunos relojes, para detectar la falsificación, tuvieron que desmontarlos», subrayó el portavoz de la Comandancia.

Distribución de funciones

El organigrama confeccionado por la policía judicial pontevedresa sitúa en Valencia el principal foco de actividad. Allí, fue sorprendido el considerado como cabecilla de la organización. Se trata de un hombre de 42 años, C.J.R.S., que supuestamente adquiría la mercancía en China y la importaba a España mediante una empresa situada en el gigante asiático.

En un almacén localizado en su vivienda, los funcionarios de la Guarida Civil se encontraron uno de los almacenes empleados por los sospechosos. Precisamente fue en este registro domiciliario donde se recuperaron la mayor parte de los relojes ahora intervenidos: más de trescientos.

La hipótesis que manejan los investigadores es que este individuo se apoyaba en los propietarios de dos joyerías, también, de Valencia y donde fueron encontrados sendos depósitos de mercancía, precisaron desde la Comandancia de Pontevedra.

Todo parece indicar que S.P.C., de 43 años, se ocupaba de dar cobertura legal a las operaciones y, al mismo tiempo, facilitaba el servicio de post-venta. El segundo joyero implicado, M.A.V.M., de 49, realizaría labores de distribución, así como presuntamente publicitaba los relojes a través de Internet.

Y es que se entiende que la comercialización se apoyaba en la Red de redes, si bien, además, disponía de un grupo «de colaboradores en todo el territorio nacional». En este punto, la Guardia Civil estima que se llegó a emplear una empresa fantasma para la comercialización de los objetos intervenidos.

Desde Valencia, parte de la mercancía importada desde China era suministrada a terceros colaboradores emplazados en otras provincias españolas. En Gijón fue localizado un supuesto distribuidor a gran escala, propietario de una boutique de moda y que, al parecer, disponía de un almacén para el depósito de los artículos.

Por su parte, la conexión pontevedresa se sitúa en un empresario de 41 años, con domicilios en la capital provincial y en la vecina Sanxenxo. Precisamente, en esta localidad se localizó el último de los almacenes.

La Guardia Civil estima que A.R.P.T. se ocupaba de las ventas en las Rías Baixas como en otras provincias gallegas y del resto del territorio nacional, utilizando para ello Internet como medio publicitario.

A través de webs, que ampliaban el radio de acción del supuesto entramado, se ponía el cebo para los potenciales clientes, que no era otro que el precio. Y es que los internautas tenían ocasión de adquirir por un máximo de mil euros relojes de lujo que en la calle costaban entre seis y treinta mil euros.

La investigación parte de la premisa de que durante unos cinco años la red ha podido estar actuando. Adquiriendo las réplicas en China por trescientos euros y multiplicando por tres su coste cuando se comercializaban en España.

Posibles cargos

En cuanto a los clientes, la Guardia Civil realizó un llamamiento a la tranquilidad. Su portavoz precisó que los dieciséis arrestos se practicaron por la distribución de mercancía falsificada: ««Tenemos muchos destinatarios finales, compradores, en principio de buena o de mala fe, pero si se demuestra que su finalidad no es el comercio están exentos de responsabilidad penal».

En cuanto a los implicados se pueden llegar a enfrentar a cargos por presuntos delitos contra la propiedad intelectual e industrial.

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