Los miembros de la comparsa marinense «Os paparrulos» trabajan a contrarreloj para terminar sus trajes y perfeccionar las coreografías para el gran día del desfile
20 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Máscaras, disfraces, carrozas, comparsas, chirigotas...Si por algo se caracteriza el mes de febrero es por el colorido y los ritmos que trae el Carnaval, donde el pueblo es el protagonista. Pero detrás de las máscaras y los disfraces se esconden horas de trabajo y de esfuerzo.
En vísperas del desfile, los miembros de las comparsas trabajan a contrarreloj y ultiman los todos los preparativos para que todo el esfuerzo y el trabajo de varios meses se vea recompensado en sus voluminosos trajes. Es el caso de los miembros de la comparsa marinense Os Paparrulos, que ayer daban los últimas puntadas a sus disfraces y se encargaban de la puesta a punto de la carroza. Y es que es importante cuidar hasta el mínimo detalle.
Para la elaboración de sus trajes emplean materiales ligeros, cómodos, a la vez que económicos. En la construcción de las estructuras traseras emplean el tradicional alambre de viña que después adornan con telas, pedrería y plumas de lo más variopinto posible. «Es un trabajo artesanal y muy minucioso», dice el portavoz de la comparsa, José Luis Lago.
Pero quizá el diseño de los trajes sea lo más complicado, ya que siempre intentan ser fieles a la originalidad y a la fantasía. Y es que mientras el resto de los ciudadanos en pleno mes de octubre ya tienen la mente puesta en las Navidades, Os Paparrulos piensan en el desfile de carrozas y en sus voluminosos trajes.
Desde su fundación en el año 1993, los marinenses han puesto su nota de color a las calles de la comarca con sus ancestrales vestimentas de egipcios, al más puro estilo animal con los disfraces de osos panda, o el tan recurrido traje de gordas.
En este ambiente de magia, color y fantasía, Os Paparrulos amenizan el desfile con bailes al son de la buena música brasileña y los ritmos más calientes llegados desde el otro lado del océano.