Desde Getxo para el mundo

La Voz

PONTEVEDRA

05 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

¿Por qué asistir a un concierto de We are Standard? Dejemos que ellos mismos den la respuesta: «Porque montamos un escándalo público cada vez que salimos a tocar -han señalado-. Nos gusta tocar en directo y liarla, que la gente se comunique con nosotros, que hagamos una fiesta entre todos. Nosotros solo hacemos la mitad del ritual».

Y es que estos bilbaínos parecen tan seguros de sí mismos como de sus metas. Se dieron a conocer en el 2006 con un primer disco, 3.000V-4.000W, que evidenció que estos herederos del Getxo sound (grupos de niños bien que iban a universidades privadas y jugaban a ser rockeros vestidos con andrajos en los 90) tenían mucho que decir en la música, con un sonido que mezclaba electrónica con guitarras hasta conseguir un ritmo bailable y contagioso. Pero es ahora, con un ligero cambio de nombre (añaden el We are) y un nuevo trabajo, titulado como la banda, cuando han puesto el listón todavía más alto.

Para empezar, han contado con un productor de lujo, Andy Gill, de Gang of Four, les ha masterizado el disco el responsable de discos de Scissor Sisters o Amy Winehouse y el primer sencillo, The last time, ha sido remezclado por Arthur Baker.

Las críticas -todas buenas- no se han hecho esperar y entre otras cosas, han augurado que se trata de un disco de dance-rock, a la vez que punk, o electrónica, pero de larga vida. Temas como Don't let the children play around así lo garantizan. «We are Standard quiere ser una banda grande -ha subrayado Deu, su cantante y bajista- ir a por todas. Queremos triunfar fuera, es nuestra esperanza. Además, el curro, la dedicación, el nivel de obsesión que hemos tenido con este disco hace que todo lo que hubiéramos hecho hasta ahora parezca de broma».

Añade que el grupo ha superado la fase indie. «Nosotros lo que estamos intentando es ser grandes, vivir de esto, hacerlo bien, con discos que aguanten en el tiempo y grabando con garantías. ¿Por qué vamos a hacerlo mal?».

En este buen hacer, destacan sobre todo sus directos. «Standard es una apuesta por el ritmo -decía otro miembro, Londonboy, hace dos años- nos movemos en un campo donde la rítmica es fundamental, buscamos esos ritmos que te mueven desde el inicio... En una sala de conciertos el público se comporta de una manera más o menos homogénea, se dan determinados ritmos en los que la masa siente la necesidad de moverse, es algo mágico. Y en esa búsqueda de la magia estamos».

El vocalista lleva aquí, valga la redundancia, la voz cantante. De él dicen que sale al escenario «exultante de felicidad y encantado de haberse conocido, y que si no se besa es porque no llega». Un rollito que a veces no todo el mundo se toma bien, sobre todo si hay palabras malsonantes. «Es todo de coña -se explica- y para que la gente se meta en el concierto, pero hay quien no soporta que se le diga nada. No pretendemos gustar a todo el mundo... Aún así, me corto mucho más que antes cuando hablo con el público desde el micrófono». Ellos no paran y seguro que sus espectadores, tampoco.