En la última Feira Franca, Manuel Rodríguez Varela sufrió quemaduras de segundo y tercer grado en el 60% de su cuerpo, en un accidente en la praza do Teucro. Ahora, dolido con el Concello, a quien considera responsable «al menos en parte», desea que no vuelva a ocurrir nada parecido pero advierte de que «la gente tiene que saber que si pasa algo, el Concello se desentenderá». Afirma que intentó alcanzar un acuerdo amistoso y pidió una reunión con la empresa aseguradora, pero no obtuvo respuesta. Indica que el alcalde en todo este tiempo «solo llamó una vez, al tercer día del accidente, y habló con mi mujer, porque yo estaba en coma».
También subraya que no quiere «hacerse millonario» a costa del Concello, pero reconoce que le vendría bien un dinero ahora, y no cuando acabe el litigio, «a lo mejor dentro de 6 años, que sabe Dios dónde estaremos». E indica que tiene muchos más gastos pues tuvo que comprar toda la ropa nueva, de algodón, utilizar guantes y hasta unos pantis especiales para proteger la piel, además muchas cremas que no cubre el seguro.
En coma
Sobre el accidente recuerda «un ruido seco, una explosión, y luego, me veo con los ojos muy abiertos, las manos apoyadas en las rodillas, mi mujer casi desmayada y yo pensando: ¿Pero qué hago aquí si tenía que estar jugando al golf?». Luego, un médico que estaba allí «empeñado en que me sentara y la ambulancia, que me llevó a Povisa, a donde llegué consciente».
Le hicieron una traqueotomía y le indujeron un coma, situación en la que estuvo dos meses. Luego, un mes más en la uvi y ya para la habitación, hasta junio, cuando le dieron el alta hospitalaria, que no médica. Atrás quedaron varias visitas al quirófano, cuatro de ellas para injertos de piel, sacada de su pierna. Su mayor preocupación son los ojos, muy afectados con las quemaduras, «porque recuperarlos no depende de mí». «Me hicieron un trasplante de córnea y ahora espero una operación de cataratas en el mismo ojo. Y más adelante, me tienen que trasplantar la del derecho». Entró en la uvi con 60 kilos y salió con 35 y sin masa muscular, pero con un ánimo que le lleva a sumar horas de gimnasio, al margen de la rehabilitación. Y no quiere ni oír hablar de la incapacidad: «tengo 47 años y quiero ir a trabajar a mi taller de lavado de coches».