Los expertos policiales hablan de leyendas urbanas y dudan del uso de mensajes cifrados en la ciudad para identificar objetivos
30 mar 2008 . Actualizado a las 03:00 h.Un triangulo simbolizando una mujer sola; una escalera acostada avisando de un perro grande; una elipse para la gente generosa... Son tres de los muchos símbolos que desde hace años se enmarcan en un supuesto lenguaje secreto de los asaltantes de viviendas y que los últimos sucesos ocurridos en el rural pontevedrés han sacado de su ostracismo.
Así, ya han empezado a circular rumores que afirman que en algunas zonas se han observado signos extraños gravados o pintados en casas que posteriormente habrían sido víctimas de los amigos de lo ajeno. Sin embargo, ningún cuerpo policial tiene constancia de tal circunstancia y, de hecho, todas la fuentes consultadas al respecto se pronunciaron de la misma manera: «Son leyendas urbanas. Policialmente no hay nada».
Sin embargo, no todo el mundo piensa igual. Es el caso de la Policía Local de Moiá, en Cataluña, que en su día repartió unos trípticos con una veintena de pictogramas que supuestamente descifraron los agentes municipales y que se referían a este código secreto.
¿Leyenda o realidad? María Ángeles Rodríguez González, en su estudio Lenguaje de signos, recoge que tienen un carácter artificial «los lenguajes de signos que se utilizan actualmente en ambientes donde la comunicación verbal no es posible como en la comunicación subacuática, en cabinas aisladas, en ambientes muy ruidosos, entre las personas que trabajan en transmisiones televisivas, o entre los ladrones y tahúres». Esto es, que, de existir, su existencia obedecería a un interés artificial, a una necesidad.
Sin embargo, un análisis de los supuestos códigos de los cacos arroja indicios de que todo es fruto de una monumental broma. «¿La globalización ha llegado al mundo de los maleantes? Difícil de creer, desde luego», se pregunta y responde el autor del blog Mundo insólito, toda vez que los signos han sido descritos por igual en países tan distantes como México, Argentina o Perú.
No obstante, las similitudes son con matices. Ya que mientras en España, el círculo chafado o elipse simboliza que la casa está habitada por gente generosa, en algunos puntos de Sudamérica señala que se trata de un inmueble en el que los extraños serán bien recibidos siempre que hablen de Dios. Lo cierto es que la teoría de la existencia de estos signos en Pontevedra y su comarca se cae por su propio peso cuando se tiene que buscar una respuesta a preguntas coherentes como las que se plantean en Mundo insólito: «¿Qué necesidad tienen los ladrones de informar a otros ladrones sobre el contenido de una casa? ¿Por qué no la roba el que hace los signos y se deja de pintar en las paredes? ¿Es tan grande el corporativismo en una profesión tan individual?». Pero es que, además, tanto la Policía Local de Pontevedra como la nacional, pese a lo que algunos vecinos no dudan en afirmar, nunca han tenido constancia de signos en inmuebles asaltados. «Algunos casos, como el de Moiá, parecen ser fruto de una cierta psicosis por un incremento en los robos en viviendas. En ocasiones esto viene alimentado desde la política con la complicidad de determinados medios de comunicación, que incluso han aconsejado a sus lectores que antes de entrar en sus casas se cercioren de que no hay un dibujo bajo del felpudo», apunta un agente de Pontevedra ya retirado.
Por su parte, un funcionario aún en activo apunta que el hecho de que este tipo de informaciones aparezcan cada cierto tiempo en la prensa no hace sino que alimentar a la leyenda urbana y perpetuarla, ya que determinadas personas no dudarán en reproducirlos en fachadas, portales y telefonillos «para hacer una gracia». Y la broma, cual pescadilla que se muerde la cola, llenará de inquietud a los vecinos, que en algunos casos no pondrán en duda la realidad de una patraña y la extenderán como una epidemia.