Se ve que lo de los minipisos viene de mucho más atrás que las necesidades de los japoneses o los anuncios de la ministra Trujillo. Está en la propia esencia de la cultura ibérica. Estas poblaciones prerromanas vivían en sus pequeños adosados de planta rectangular, generalmente de entre 35 y 45 metros cuadrados y construidos con adobes y cubiertas de techo plano. Aunque tal escasez de espacio no era en absoluto óbice para que en alguno de los rincones, los inquilinos colocasen un huevo como ofrenda en busca de la fertilidad.
La reproducción de una de estas miniviviendas -que antes de su construcción, precisaban de un sacrificio animal para enterrar debajo de sus cimientos- es uno de los atractivos de la exposición sobre los íberos que ya se puede visitar en la gran carpa que ocupa toda la plaza de A Ferrería. Una muestra, comisariada por Lluís Baptista, que sigue la estela de aquella sobre los aromas de Al-Andalus, con la recreación de diversos ámbitos que pretenden explicar los entresijos de esta antigua civilización con la que, como recordó Luis Reverter, secretario general de la Fundación La Caixa, «siempre se ha asimilado a España».
La reproducción de dos torres que simulan la entrada a un poblado ibérico dan paso al visitante a esta sucesión de estancias, que comienza con una dedicada a los antecedentes de los íberos, sus influencias externas y las invasiones que padecieron. La organización militar de estos pueblos, sus estrategias de combate (aunque se desplazaban a caballo siempre peleaban a pie, como muestra una de las esculturas de la exposición) y el equipamiento de los soldados.
La jerarquización social (de la sacerdotisa aristócrata a la campesina, pasando por los guerreros o artesanos), el urbanismo (con la recreación de un poblado imaginario y otros basados en los restos encontrados en zonas de Barcelona o Jaén), la vida cotidiana y las actividades comerciales son otros de los apartados estudiados. En este último ámbito, destacan las reproducciones del molino rotatorio para producir aceite, el taller del ceramista (los restos y piezas de cerámica o las explicaciones sobre cómo, en pleno siglo VI antes de Cristo, fabricaban y envasaban el vino. La escritura ibérica, cuyo sentido sigue siendo una incógnita, y los ritos funerarios (con una recreación de la estatua de la dama de Baza) cierran esta muestra didáctica.