«Estos módulos han cambiado la vida en la cárcel»

Elena Carril

PONTEVEDRA

Miguel tiene 44 años y lleva 22 en una cárcel. Desde que entró en prisión dice que lo que más le ha ayudado han sido los módulos terapéuticos y de convivencia: «Estos módulos han cambiado completamente la vida de la cárcel, aquí las sanciones son castigos de trabajo, todo se arregla hablando y no hay drogas».

Los problemas de Miguel comenzaron con las drogas: «En los setenta perdí un hermano por la droga y eso me marcó, pero no teníamos tanta información como ahora, no sabíamos lo que hacíamos y claro cuando la pruebas, después todo es muy difícil». Actualmente está cumpliendo una condena de ocho años de los que ya lleva tres, cuando la finalice tendrá que hacer frente a las que todavía tiene pendientes.

«Es difícil cambiar de vida de repente, tengo 44 años y he perdido más de lo que voy a recuperar, pero esta gente me ayuda». Este interno, que lleva 15 meses en el módulo terapéutico, asegura que desde que lo comenzó, su vida ha dado un giro: «Yo reflexiono sobre mi vida ahora que tengo terapeutas, te ayudan a darte cuenta de que hay cosas que tendrías que haber hecho antes, a mí este módulo me ha hecho mucho bien».

Pero en estos cursos la ayuda no solo la prestan los profesionales, también internos como Miguel actúan como mediadores y consejeros en las charlas que se proponen: «Ahora estoy haciendo de mediador en unas charlas sobre el VIH, la gente aún hoy no sabe bien que es eso o tiene ideas muy equivocadas, por eso son tan importantes estos coloquios. Veo a los jóvenes -añade- y me acuerdo de cómo era yo hace unos años y me siento bien ayudándoles y contándoles las cosas».

Miguel cuenta cómo hace algunos años, en esta misma cárcel hizo el Camino: «Estuvimos unos cinco días fuera, fuimos al río, hicimos ejercicio, fue estupendo». Esta misma semana se daba por finalizada una de las últimas propuestas que el centro penitenciario de A Lama proponía a sus reclusos, la plantación de más de 200 árboles en los aledaños del centro, tarea en la que, por supuesto no faltó Miguel.