El fuego que ayer devoró al Momo vilanovés sirve para limpiar la comarca de O Salnés de los excesos cometidos durante los días de reinado de Don Carnal
11 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.A las cuatro y pocos minutos de la tarde, Vilanova empezaba a convertirse en ese gran revoltijo de disfraces, máscaras y música que es el desfile del Momo. Las calles del centro cortadas, el aparcamiento imposible, y una marabunta de personas en las inmediaciones del Concello daban una idea de las dimensiones de la despedida que los vilanoveses habían preparado al carnaval. «Esto es un caos total», decían, cerca de una hora después, los voluntarios de protección civil que se habían apostado a lo largo de todo el recorrido.
Pero ya se sabe. El Momo es así. Multitudinario y caótico. La última gran fiesta en honor a Don Carnal que se celebra en la comarca de Arousa. Quizás sea por eso, porque es una despedida, hasta Vilanova acuden miles de personas. Miles, sí: superaban el millar los que ayer se habían apuntado para participar en el desfile de máscaras. Y para verlos, otros miles se agolparon en las calles o se asomaron a las ventanas y balcones mejor colocados de la localidad.
La marcha era realmente espectacular. No faltaba ninguno de los personajes típicos del carnaval. Hombres convertidos en explosivas damas, brujas y ninfas, payasos, grupos de mexicanos y todo tipo de animales. Un equipo de Ronaldinhas buscaba el mejor sitio en la comitiva. Las carrozas se movían con parsimonia por las calles: había un bar móvil, un circo móvil, y hasta un hospital móvil, por citar solo algunos ejemplos. En medio de la marcha se dejaron ver ciclistas en baja forma dispuestos a hacer el «Tour Vilanova 2008», alentados por los acordes de la música de Verano Azul. Y, como pasaba en los maravillosos ochenta en los que se rodó aquella serie, una familia viajó hasta el epicentro del entroido enlatada en un turismo. Todos iban disfrazados de payasos. Todos. Hasta el coche, cuya carrocería blanca había sido salpicada con coloridos lunares.
La carroza principal
Pero el desfile de ayer tenía un rey indiscutible: el mismísimo Toñito de Poi. El showman se transformó por unas horas en Don Juan Carlos para mandar callar, tantas veces como hiciera falta, al Momo: un Hugo Chaves con grandes orejas y cara de pocos amigos. No es de extrañar, ya que al final de la tarde le esperaba la hoguera.
Pero en la carroza de autoridades había sitio para políticos de moda, como el francés Nicolás Sarkozy y su flamante esposa, Carla Bruni. Para personajes que llevan toda la vida mandando, como Fidel Castro. E incluso para el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Todos, protagonistas de la «Cumbre Burro-Americana».
El Momo fue ayer, sin duda, el acto central del carnaval arousano. Sin embargo, de la fiesta quedaban rescoldos también en A Illa. Allí fue tarde de comparsas, y los grupos desfilaron primero por las calles y actuaron después en el Cine Capitol.
También en O Grove hubo resaca carnavalera. Fue, en concreto, en la parroquia de San Vicente, hasta donde se trasladaron las comparsas Os Garoulos y As + Plus. Ambas desplegaron sus disfraces y sus letrillas para el público de San Vicente. Un público que también tuvo ocasión de escuchar las palabras de dos históricos del Carnaval grovense, Antonio Domínguez O Ferreiro y José Pérez O Coxo.
Con todos estos actos, el mandato de Don Carnal sobre la comarca de Arousa ha terminado. Pero advertimos: volverá el año que viene.