Carmen Castro lleva treinta y tres años dedicada a las flores, quince de ellos en su pequeña tienda de la calle Oliva. Un negocio en el que hay «épocas buenas y malas», pero en el que no falta trabajo. Por ejemplo, el día San Valentín. «Un día de San Valentín sin rosa -dice- no es un San Valentín. Y enamorados, hay muchos».
-¿Qué tal se da el negocio?
-Hay épocas buenas y malas, como en todo. Tenemos mucho trabajo en Navidad, en San Valentín, el día de Los Santos... Y muchos encargos de empresas, banquetes, bodas, y por desgracia, también entierros.
-¿Cuáles son sus flores estrella?
-Hombre, las rosas continúan siendo las protagonistas del día de San Valentín. Luego las orquídeas, que se regalan mucho a las madres, porque hay que cuidarlas más y duran mucho más tiempo.
-Vaya, una flor efímera para un amor efímero...
-No, no, no. El amor no tiene por qué ser efímero.
-¿Hay todavía quienes compran flores a diario?
-Hay clientes puntuales. Vienen cada semana, cada viernes, a por flores para adornar su casa. Hay gente que no puede vivir sin ellas...
-Las flores de plástico, ¿son una solución?
-Yo particularmente no soy muy partidaria de las flores artificiales, aunque últimamente se están haciendo réplicas muy buenas.