Lo suyo es pasión por el carnaval. ¿Cómo si no se explica que cada año -y van por el dieciocho- empleen más o menos dos horas diarias de su tiempo libre durante cuatro meses para preparar el espectáculo que luego representarán sin descanso durante toda una semana? Para Amoriños de Bora, sin duda la comparsa triunfadora en los últimos años en Pontevedra, el desfile de arranque y, en general, el entroido, se vive de otra manera, como reconoce el presidente de la agrupación, José Manuel Corbacho. «Cada vez el desfile tiene mayor nivel y cada vez nos exigimos más, lo que implica también más gastos», señala. En el caso de los sesenta integrantes de la que ahora es la única comparsa del municipio pontevedrés, el entroido sale a, aproximadamente, noventa euros por persona. A eso hay que añadir que en algún que otro caso van cuatro miembros de una misma familia... «Nos ayudamos con rifas, pero es costoso y en general, los premios no han subido en relación con lo que nos gastamos en material -añade Corbacho-. Además, está todo el trabajo que hacemos nosotros».
De lunes a viernes, de diez a doce de la noche, el cuartel general de Amoriños de Bora está en el colegio de esta parroquia. Allí preparan los trajes, ensaya la murga y también se prueban las coreografías y se crean los aparatosos accesorios que acompañan los vestidos de las mujeres. Aquí, como dice Corbacho que diría Zapatero, hay paridad en cuanto a sexos -«treinta y treinta, de los que cinco son niños y hay dos niñas»-. Y está todo muy bien organizado. Por ejemplo, los trajes de los hombres los encargan a una modista, Digna, mientras que de los de las chicas se encarga una de las jóvenes de la comparsa, Celeste. Y luego está la confección de todos los abalorios, pasamanerías, brillantes, gorros, espalderas, «que es lo más trabajoso» y en lo que se emplea otro grupo. En contra de lo que pueda parecer, esas espalderas que llevan las mujeres y de las que cuelgan plumas y mucha fantasía son bastante ligeras, «mucho más que la mochila de mi hijo de once años». «Utilizamos para elaborarlas materiales como poliespán, hierro, acetato, plumas y lo que más pesa es el hierro, pero es una estructura bastante ligera y va muy bien anclada a la espalda para que no molesta», añade el presidente de Amoriños de Bora. Los materiales para la confección de los atuendos los buscan fuera -este año en Tenerife y Barcelona- porque resulta más económico que hacerlo aquí «y porque a veces tardaban mucho y se nos echaba el tiempo encima». «Hubo un año que me mandó el material un tío mío que está en Brasil y aún así resultó más barato que pedirlo aquí, además de la cuestión de la calidad», apunta. En Pontevedra solo han adquirido algunas telas en Mouriño, «pero no es la gran mayoría».
José Manuel Corbacho tiene todos los desfiles de entroido en los que ha participado la comparsa grabados en vídeo. «Es increíble porque vas viendo a la gente y la evolución de la comparsa, y también claro, la evolución del desfile pontevedrés», comenta. De los actuales miembros de Amoriños de Bora, serán unos quince los que como Corbacho continúan desde los inicios del grupo que, según el presidente, aún tardó en conseguir premios. «Los primeros años fueron malos, pero de eso nadie se acuerda, porque ahora nos conocen desde que empezamos a ganar premios -indica-. Pero empezamos a participar en el 1991 y no fue hasta el 99 o 2000 en que empezamos a ganar». Todos los años, después del desfile, celebran su premio con una cena: «el sábado del desfile es sagrado», lo que también suelen repetir en la noche del Ravachol. La mayor parte de la dotación de los galardones la invierten en este tipo de celebraciones, aunque siempre sobra algo para empezar el año siguiente. Pero en este sentido, Corbacho reclama al Ayuntamiento un mayor respaldo para fomentar la participación de las comparsas. «Ahora mismo, de Pontevedra somos la única -indica-, porque otras comparsas han ido desapareciendo. Y deberían fomentarlas, porque si no se cuidan, se van. Nosotros, además del desfile, actuamos por ejemplo el día de la Parodia, concursamos en las murgas y actuamos en la Filloa y en Ravachol, porque nos llaman y porque también nos gusta lucir el traje que tanto trabajo nos ha costado. Desde el Concello deberían mojarse e incentivar un poco más esta actividad, porque da ambiente y música a la ciudad, que es lo que la gente pide en carnaval». Lo que también tiene claro Corbacho es que sin esa implicación que actualmente tienen los miembros de la comparsa, la continuidad es tarea difícil. «Yo siempre se lo digo a los más jóvenes -señala-. Yo no sé lo que es llegar estos meses a casa y tumbarme en el sofá o ver la tele. Te lo pierdes todo. A ver si en el futuro buscamos otro método para que sea más fácil». Este año llegan a la mayoría de edad, pero la celebración la dejan mejor para los 20 años. «Es más bonito ¿no?».