Goles y regates rehabilitadores

PONTEVEDRA

Por primera vez, el equipo de fútbol sala del centro penitenciario de A Lama disputa la liga local de Pontevedra

16 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

La prisión de A Lama impone. La primera vez que se oyen los clacs que hacen las distintas puertas metálicas cuando se cierran detrás de uno al pasar por los distintos controles no llegan a intimidar, pero poco le faltan. Uno por uno los integrantes del equipo de fútbol sala Miranda Diseño Gráfico traspasan el arco detector de metales. El último en franquearlo fue el árbitro. Por primera vez el equipo de fútbol sala de la prisión de A Lama disputa la liga local de Pontevedra de este deporte. Estar privado de libertad es duro, así lo refieren muchos presos, pero siempre hay quien le puede sacar algún, aunque sea mínimo, aspecto positivo. Y tratándose de fútbol sala pronto hay quien apunta tres ventajas: Primera, los presos siempre juegan en casa, con lo que el manido factor campo no les afecta; segunda, estar preso implica disponer, en muchos casos, de tiempo libre más que suficiente para mantenerse en forma; y tercera, la distancia que separa la prisión de la capital provincial provoca que muchos jugadores se lo piensen antes de ir a disputar un encuentro. Esto última fue la sorpresa con la que se encontró el Miranda. De una plantilla de unos doce jugadores, al encuentro de ayer solo comparecieron cuatro jugadores de campo y el portero. Muy mal se pintaban las cosas cuando enfrente tenían a un conjunto con sus quince efectivos dispuestos a plantar batalla. La profecía Y la profecía se cumplió. Los reclusos bailaron en todo momento a los pontevedreses, que apenas si causaron algún peligro. Sin grandes alardes técnicos, pero con un gran fondo físico y una mayor compenetración fueron minando la moral del Miranda a base de goles y más goles. Hasta en trece ocasiones, el guardameta tuvo que ir a recoger el balón de las redes. Los reclusos de A Lama hicieron disfrutar a una afición volcada. Más de un centenar de compañeros aplaudieron los tantos, los regates, los pases... desde las gradas. Por tener, tenían hasta un émulo de Manolo, el del bombo que saludó cada gol con enérgicos golpes sobre el cuero. Al final, deshicieron sin muchos problemas de su rival, alguno de cuyos integrantes terminó pidiendo la hora. Lo cierto es que la actividad de fútbol sala es una de las iniciativas puestas en marcha por la dirección del centro penitenciario de A Lama de cara a la rehabilitación de internos. La gran mayoría de los reclusos que participan en este deporte están adscritos a módulos convivenciales, en los que, libres de drogas, los internos demuestran día a día su interés por integrarse en la sociedad. De este modo, se rigen por unas normas cuyo incumplimiento puede dar al traste con todo lo avanzado y determinar que el recluso sea derivado a un módulo normal. Sin embargo, a pesar de esta aparente rigidez, también hay espacio para el buen humor. Un par de ejemplos. Ya con el trece a cero, el entrenador local les instaba a sus pupilos a lograr un nuevo tanto y todo porque el trece trae mala suerte. Un preso, tras marcar un gol, levantó su camiseta y mostró otra en la que, por un lado, venía a pedir la destitución del míster y, por el otro, decía no al racismo.