Mayores con muchas tablas


«Un drama es la historia que cada uno vivimos diariamente», cuenta Margarita García. Las historias diarias y también las de ficción son las que viven las veinte personas que dirige esta mujer en el grupo de teatro del Centro de Mayores de Caixa Galicia, en el Café Moderno. Hace ya seis años que García formó la agrupación y por aquel entonces ninguno de los miembros de la agrupación, a excepción de la directora, había tenido contacto alguno con la escena. Tampoco se conocían. Hoy, sin embargo son un grupo con tablas y muy unido, al que la afición interpretativa les ha sentado de maravilla, como cuenta García. «Cada vez aprenden más, cada vez retienen más en la memoria -comenta el alma mater del grupo-. Hay que tener en cuenta que ninguno de ellos había tenido contacto con el teatro. Y hoy, a base de explicar mucho, de estudiar y esforzarse, lo hacen fenomenal. Es más, ahora no dejan el teatro por nada. Ellos mismos se valoran». El método de García no se limita sólo a dirigir la obra en cuestión. Ella explica que le gusta que los miembros del grupo sepan todo lo posible sobre el autor que están preparando, y sobre la obra en sí, así que prepara todo un dosier que luego transmite a sus alumnos. «Lo hago para que sepan cuál es el motivo por el que he escogido tal pieza en concreto». Y es clara: «yo no me dedico a hacer trapalladas, me gustan los grandes escritores, estudiar su vida, su entorno...».

Tan bien les va, que en la actualidad el grupo prepara tres funciones al año, una para Navidad, otra para el día de la Madre y otra de fin de curso en junio. Ensayan habitualmente dos días a la semana, los martes y los viernes, -«a veces más, en función de las salidas que tengamos»- y a pesar de que durante estas sesiones hay discusión más que notable, «siempre acabamos todos juntos yendo a tomar un café». «Yo tengo genio -asegura la directora-, pero bueno, todo se queda en anécdotas. Lo que nos gusta es estar activos y pasarlo bien, dentro de una sencillez». Estos días están preparando cinco pequeñas obras para el festival navideño, de los hermanos Quintero, un trabajo que compaginan con las representaciones de O enfermo imaxinario -próximamente harán una función en Vigo- y también adaptarán para final de la temporada La tonta del bote, de la autora coruñesa Pilar Millán, así como Las flores, también de los hermanos Quintero. Tienen hasta su propio escenario, «aunque nos costó», y en cada montaje ellos se buscan también el vestuario, ya sea elaborado o prestado. Ocurre por ejemplo con La estrella, una de las pequeñas obras que ensayan para Navidad, donde muchos de los personajes irán vestidos con las chilabas que le han prestado a García varios amigos. Ella está muy ilusionada con este montaje ya que de forma excepcional se ha reservado también un importante papel, el de ciego. «Tengo un glaucoma y he pasado por otra experiencia personal, mi padre era ciego, así que quería hacerlo», indica.

Y es que la directora se piensa mucho cuál es el papel más apropiado para cada uno de sus actores. No en vano, le respalda toda una trayectoria en grupos de teatro aficionados, desde los tiempos en que ejercía como profesora en Madrid. Incluso ha escrito alguna obra, como Sala de espera, que representó la agrupación con enorme éxito y que a ella se le ocurrió estando en una sala de espera de un consultorio médico. Pero no crean que su única afición es ésta. Ha dado incluso clases de kárate -así que mejor será que ningun alumno se le subleve...-.

Cuando Margarita García montó el grupo hace seis años, fueron otros tantos los voluntarios para actuar. Pero poco a poco la agrupación ha ido aumentando hasta llegar a las veinte personas, cuya edad oscila entre los cincuenta y los setenta años, y de todas ellas la directora está especialmente orgullosa. García cuenta casos como por ejemplo el de Jeremías, un ex guardia civil que nunca antes había tenido contacto con el teatro «pero que después de entrar en el grupo me dijo que era lo mejor que había hecho nunca y que se había equivocado al escoger lo que había hecho en la vida». Otro de los actores que menciona es Carlos, «que tiene una memoria increíble» y que por ejemplo hará el papel que hacía Arturo Fernández en el montaje de La tonta del bote. Y una de las últimas incorporaciones es la de una mujer «muy tímida», a la que sus hijas convencieron para sumarse a esta actividad. «Tiene una carita muy dulce y de momento no le voy a dar un papel con frases, pero a su tiempo», explica la directora. Lo suyo sí es puro teatro. En el buen sentido, claro.

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