A pie hasta Tierra Santa

Mónica Torres redac.pontevedra@lavoz.es

PONTEVEDRA

12 oct 2007 . Actualizado a las 02:06 h.

«No pases por el Camino, deja que antes pase él por tí». Con esta plástica expresión explica el peregrino más conocido de Portugal parte de su sueño. Y es que, Amaro Franco, de 36 años, no sabe ni le interesa recordar cuántos kilómetros ha recorrido en sus distintos peregrinajes, pese a que, tan sólo en los últimos cuatro años, ha realizado en al menos quince ocasiones el Camino de Santiago desde Braga. En el país vecino se le conoce ya como «el peregrino de Portugal» y desde que hace tres meses anunció su nueva odisea, también se le llama «el de Jerusalén». Y es que Franco será el primer portugués de los últimos dos siglos que recorra a pie el camino hasta Tierra Santa, visitando los tres principales santuarios del Cristianismo. La peregrinación comenzó la pasada semana en Braga y culminará en julio en Jerusalén. Una odisea que le llevará a recorrer unos 8.000 kilómetros y catorce países. Este Camino es «un viejo sueño». «Creer en un sueño es ser feliz, estar al servicio de los demás, y eso es lo que yo busco, una proximidad a Dios, ser un hombre feliz capaz de ayudar». El periplo. Amaro es de esas personas que contagian la diferencia entre estar vivo y vivir, y, ante las críticas sobre lo excéntrico que resulta para otros su aventura mantiene una postura conciliadora: «No es que no lo entiendan, lo desconocido da miedo». Pese a que no le gusta hablar de distancias físicas, algunos pusieron ya en duda su aventura, pero, «cuando a donde se desea llegar no es un sitio físico, sino inmaterial, no te vale hacer trampas, y eso es díficil de entender». De momento y, hasta Santiago -el miércoles llegó a Pontevedra, donde descansó en el albergue de peregrinos-, le acompañan tres amigos. A partir de ahí continuará solo su periplo hasta su segundo destino, el Santuario de Lourdes, para la conmemoración del 150 aniversario de las Apariciones. De allí seguirá hasta Italia, donde visitará Roma, el Vaticano y Assis, antes de iniciar la etapa menos conocida de esta ruta, que le llevará a Eslovenia, Croacia, Serbia, Turquía, Siria, Líbano, Jordania y, finalmente, Israel y Palestina. Amaro abandonó hace seis años su profesión de empresario tras una peregrinación a Roma, que le llevó a fundar la Asociación de Espacios Jacobeos. Entonces comenzó ese proceso que llama «mi opción de vida», pasó por la Orden de los Carmelitas Descalzos y ahora compagina sus estudios de Teología con sus otros «sueños». Lo más duro. Amaro Franco salió el jueves de la pasada semana desde Braga tras una multitudinaria misa en la que sus amigos le acompañaron. Allí dejó a su madre, «no es un viaje fácil y sufrió mucho, pero creo que se siente orgullosa ». Él sin embargo, le teme más al fin último de su viaje que a las situaciones sociales políticas y bélicas que se va a encontrar. «Lo más duro es el encuentro conmigo mismo, tener que aceptar qué y cómo soy, como peregrino debo morir para que pueda nacer otro Amaro mejor, más paciente, más amigo, y, ése es mi mayor miedo, no conseguirlo o no aceptarlo». La preparación física fue ya sobre el terreno porque este mismo año hizo en otras cuatro ocasiones el Camino Portugués o del Norte a Santiago. «Lo que más me preocupaba era la preparación física, principalmente de mi familia y mi gente, tuve que estar mucho más con ellos, para prepararlos también». Complicaciones de última hora. Dos días antes de iniciar el Camino hacia Jerusalén, las empresas que se habían comprometido con el proyecto le denegaron el apoyo económico y, justo el anterior, asaltaron su coche y le sustrajeron material informático que iba a llevar consigo para poder actualizar la información en su blog. De nuevo saltaron las dudas sobre la viabilidad de su hazaña, pero Amaro lo tuvo claro: «No es mi peregrinación, es la de todos los portugueses, creyentes, católicos, de todos los que creen en Dios». Con tan sólo una pequeña mochila, pero con una contagiosa ilusión y «mucha alegría», el peregrino de Portugal, que también fue cooperante en Guinea Bissáu se mantiene seguro: «Creo en Dios, en la providencia y en la buena voluntad de la gente, seguro que en diez meses llegaré a Jerusalén». «Galicia es como mi Portugal, -comenta durante su estancia- la gente es muy amable y buena». Con él y, para darle impulso en su aventura, dos compañeros de la Asociación de Espacios Jacobeos, Rui López y Dalia Pereira y otro amigo, Xaquín Cebreira. La falta de apoyo económico se subsana con «el calor que estoy sintiendo de todas las personas con las que nos vamos encontrando». Aún así, reconocía que «la situación es muy angustiante, pero prefiero no pensar en ello, aprendí a vivir con poco, con lo mínimo desde que peregriné a Roma, hace seis años».