De boca en boca. En la villa de Bueu la conocen todos. Los más pequeños cuando escuchan su ruido salen a los balcones y disfrutan del espectáculo gratis. Los mayores, más precavidos, levantan un trocito de la cortina para no perdérselo, eso sí, sin dejarse ver mucho. No obstante, una sola vez no basta para contemplarla entera. Incluso en las comidas familiares, si se habla de jubilación, siempre se nombra a su dueño. Pero él no quiere ser un ejemplo de nada. De hecho, omite su nombre par que toda la atención se centre en su tesoro. Abandonó su trabajo marino hace tres años y, desde entonces, se dedica a la búsqueda de las mejores piezas con las que vestir a su criatura. Día y noche piensa en cómo puede brillar más su aspecto. Es un ejemplar único en el que lleva invertidos unos treinta y dos mil euros y al que trata como a su hijo. El buenense exhibe su moto tuneada sin dejar de nombrar todos sus portentos. Se maravilla con ella como la primera vez.
Una pieza muy trabajada. Este ejemplar único es una Yamaha Virago 1.100, aunque no lo parezca. Orgulloso, su dueño confiesa que la maquilla él y no deja de mostrar, al que se lo pida, todos los secretos. «Este ano desfíxena toda e volvina a montar -confiesa- e fodín en pouco tempo catro millóns de pesetas». Una cifra nada exagerada si se tiene en cuenta que su ciclomotor cuenta con una caja de piñones «que conserva o ancho da roda de 250, pola que tieven que molestar ao presidente de Goberno para conseguila», dice el motero. Sólo por este detalle gastó novecientos euros. «A roda posta aí valeume casi vintecatro mil euros, pero é a primeira moto do mundo que leva este tipo de roda». Más lujos. Maletas con la concha de Santiago, un par de baterías, GPS y cuatro bocinas que se adueñan de la carretera. Y por si fuera poco, la motoclicleta está homologada. Su dueño cree que «esto incrementa o seu valor porque homologala costoume uns 6.400 euros, que se di con moita lixereza, pero na moto hai un bon capital empregado».
Sólo para exposiciones. Seguro que, en manos de otro, esta Yamaha hubiese lucido por todas las carreteras de España, pero su dueño la concibió exclusivamente para llevarla a concentraciones y asegurar al menos un premio, aunque luego se lleve dos o tres, como en las últimas ocasiones. «Non me dan cartos para seguir invertindo -comenta- pero tampouco os quero». Tres años son suficientes para pensar en el futuro. De momento los planes son escasos: dejar la motocicleta a sus nietos y viajar a algún lugar más lejano que O Barco de Valdeorras, pueblo en el que el cuentakilómetros marcó su récord. «Este ano ía ir a Portugal pero, sen compañía, eu só non quero ir e abondonei a idea», dice el buenense, que no descarta mostar su museo sobre ruedas en muchos otros lugares los próximos años.
Aniversario del seiscientos. Otro museo motorístico visitó el domingo a Arcade. Ciento vientisiete Seat Seiscientos se concentraron en la localidad, respondiendo a una cita convocada por la Asociación Cultural Club 600. Con este acto simbólico, se celebraron los cincuenta años de la salida al mercado del emblemático vehículo. Los clásicos procedieron de toda la geografía española y se pasearon por Combarro y Vilaboa para terminar en Arcade. En total, la afluencia contó con 27 clubes de toda la geografía, una cifra nunca alcanzada en esta reunión que se celebra anualmente, el tercer domingo de agosto.
Un coche de cumpleaños. El seiscientos más antiguo de Galicia, perteneciente al Club 600, cumple hoy 48 años y, según fuentes de la asociación, «está tan bien como siempre». En tiempos en los que se habla de temeridad en la carretera, hasta el inofensivo vehículo que marcó nuestra historia tiene que estar autorizado por la Guardia Civil si circula en grupos de diez. Por eso, los responsables de Club 600 se felicitan de formar parte de la Federación Española de Vehículos Antiguos, capaz de acelerar todos los trámites. Con su ayuda, en los próximos días saldrán hacia Valencia diez Seat Seiscientos para hacer un homenaje al vehículo que cambió la vida y revolucionó el automovilismo en España.
Club de Mar de Aguete. Y de coches, nos pasamos a barcos, o mejor dicho, al Club de Mar de Aguete, pues la veterana institución marinense acaba de dar a conocer los socios que este año recibirán la insignia de oro de la entidad en la fiesta de aniversario que se celebrará el próximo día 25. En esta ocasión, se rendirá homenaje a la farmacéutica de Seixo, Inés Ríos Lamas, y al médico de la misma localidad, José Padín Montáns, que se dieron de alta en el Club de Mar el 14 de julio de 1973. Y el tercer galardonado es el socio Carlos Velasco Garrido, ex director de Caixa Pontevedra, que incluso perteneció a la directiva de la sociedad cuando la presidía Ceferino Nogueira, y que desempeñó también el cargo de contador entre los años 1990 y 1998. Entre sus méritos, según destaca Francisco Freire, presidente del club, prefigura haber estabilizado la economía de la sociedad. La entrega se hará en el transcurso de la cena baile fijada para el próximo sábado, a partir de las 22 horas.