Y en «Auto»... pasó un ángel

LEOPOLDO CENTENO

PONTEVEDRA

DESDE MI BUTACA | O |

15 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Lleno absoluto en el Auditorio del Centro Social Caixanova de Pontevedra, para presenciar la comedia de Ernesto Caballero: Auto. Caballero resultó ser un tanto Juan Palomo, habida cuenta que, aparte de la autoría de la obra, ha sido el responsable de la iluminación y la dirección artística; como lo es también maestro de interpretación de la Escuela de Arte Dramático de Madrid. Su magisterio quedó plasmado en la sencillez y naturalidad con que se desenvolvieron en escena los cuatro actores que intervienen en Auto, obra que ha sido premiada en repetidas ocasiones. La palabra auto tiene varios significados y alguno posee la capacidad necesaria para dar título a la obra, en la que, tras un accidente de circulación, cuando un camión choca en la parte trasera de un automóvil, los cuatro ocupantes del mismo se dan cita en un lugar determinado a fin de rendir informe para el juicio. Para entretener la espera, entablan conversación, tratando de recordar las circunstancias. Los personajes no saben con certeza si comparecen en calidad de perjudicados, testigos o causantes. El auto judicial aun no se ha incoado. En la disparatada conversación, surgen situaciones variopintas con tensiones y nervios y todo en un entorno especial donde en clave de humor, mezclado con pinceladas dramáticas, van saliendo a relucir cuestiones personales, familiares, profesionales y fijaciones. El humor con que está adobado el diálogo produce en el espectador algo más que sonrisas. El coche nuevo y muy cuidado en el que viajaban, quedó para el desguace. Cada personaje tiene sus propias fijaciones. Así, la esposa en ocasiones trae a colación su cocinita inteligente y sus comiditas; el marido su coche flamante destruido en el siniestro, su oficina, su trabajo, su ordenador; la cuñada de éste, las sesiones en el instituto de belleza, su preocupación por la estética, sus devaneos; la autoestopista que viajaba en el vehículo de esta familia, la falta de comunicación con sus padres, sus estudios universitarios, sus elevadas relaciones sociales. Toda una amalgama de bien urdidas circunstancias en las que salen a la palestra la culpabilidad, sinceridad, inocencia, confesiones, secretos inconfesables, situaciones etéreas¿ incluso esa fracción de tiempo en que se produce el silencio en cualquier conversación, donde nadie dice nada y parece flotar en el ambiente un halo de felicidad, en el que se piensa o dice «pasó un ángel». Y la curiosa e hilarante escena en que agotados los temas, los personajes caen en la cuenta de pronunciar frases hechas. Sin ser nada excepcional, la obra resultó grácil y muy entretenida, en la que el público salió realmente satisfecho con su puesta en escena. La conclusión de la misma, resulta presumible. Los cuatro personajes estaban en el limbo de los hechos, en el auto que los conformaron. Aparte de la concepción del texto y su realización, los actores tuvieron su capital importancia en el éxito de la misma: Carmen Machi (esposa) y Marisol Rolandi (hermana), son dos actrices con muchas tablas, de inteligible dicción y expresivas; Vicente Diez (marido), naturalidad, expresión un tanto pasota y bien definido en su rol y la joven Eva Santolaria (autoestopista), al principio algo tensa e incontrolada su emisión de voz y luego haciéndose bien con su papel. Hay un quinto personaje que tiene su importancia en la trama pero que nunca aparece en escena: el camionero, causante del accidente y otras lindezas.