Praza da Ferrería
28 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Los comerciantes del puerto deportivo de Sanxenxo y la dirección de Nauta se reunieron ayer en un restaurante del muelle para despedir al navegante de Portonovo Suso Leiro, que saldrá en los próximos días hacia el Polo Norte a bordo de su velero Finnesse, en una singladura en solitario sin precedentes. Los trabajadores del puerto llevan ocho meses ayudando en lo que podían a Leiro a preparar su embarcación para el viaje, adaptándola a las condiciones del ártico. Camarones, salmón, ensaladas y solomillo fue el menú con el que obsequiaron al intrépido aventurero de 63 años. Una comida regada de vino tinto y albariño y del relato de las mil aventuras que Suso Leiro acumula ya de sus otros viajes; la entrada en Puerto Madero, en Buenos Aires, una velada en las Azores al son de una guitarra o el miedo de casi irse a pique tras chocar con una ballena. «He llorado mucho, y sé que en este viaje también voy a llorar; porque es increíble las cosas a las que te tienes que enfrentar, tú solo», cuenta Leiro bajo la atenta mirada de los comensales. Los patrocinadores de la aventura de Suso Leiro, Iriyates y Mar de velas, le obsequiaron con la realización de un vídeo con la ruta de su periplo y con la organización de la propia cena. A los postres, el homenajeado contó con fuegos artificiales. «Uno, dos, tres...», iba contando Leiro a cada explosión de los cohetes. «Justo, 21 cañonazos, los mismos que la salva de honor» Y la fiesta continuaba, a golpe de canciones marineras y otras más populares de Nino Bravo o Julio Iglesias, de tangos y músicas que Leiro conoció en sus viajes. Y a cada rato, más preguntas de los comensales. «¿Qué significa Finnesse?». «En el diccionario -responde Leiro- pone astuto y despierto, aunque yo pondría también conquistador». Más risas y más brindis. Lo de conquistador no va desencaminado. Suso Leiro tiene previsto clavar en el Polo Norte una señal con el nombre de Galicia. Suso Leiro se mostró muy agradecido y bromeó: «No sé si ir hasta Azores y volver y deciros después; ''Esta es la definitiva'', para que me hagáis una fiesta». Un poco más serio, pero sin perder la sonrisa alzó su copa. «Espero que dentro de tres meses, a mi regreso, nos volvamos a encontrar aquí todos». El navegante recorrerá el ártico en solitario, aunque no estará solo. Sabe que sus compañeros del puerto están con él y que ya están pensando en la fiesta de bienvenida.