DESDE MI BUTACA | O |
24 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.Edmond Rostand, dramaturgo y poeta marsellés, es el autor de la comedia Cyrano de Bergerac (1897), un neorromántico drama escrito en verso, obra que le proporcionó la mayor celebridad y que bajo distintos formatos llega hasta nuestros días con una frescura perenne. Así, de la obra teatral pasó al celuloide con varias versiones. ¿Quién no recuerda la interpretada por José Ferrer del año 1950 o la más actual de 1990 protagonizada por Gérard Depardieu, superando en mucho la película antes mencionada; si bien, ambas laureadas y premiadas? En televisión, Cyrano también ha tenido sus representaciones; amén del mundo de la ópera, en la que el compositor italiano Franco Alfano puso música a los textos de de Rostand, la cual sigue representándose. Un decorado simple y funcional sirvió de marco para la representación en Pontevedra, tercera de las cinco que la compañía tiene previstas en Galicia, bajo el patrocinio de Caixanova. Su trama se sitúa en París, en el siglo XVII. Un buen Cyrano, enamorado hasta los tuétanos de su prima Roxana, acomplejado por su físico y sobre todo por lo enorme de su apéndice nasal, no se atreve nunca a declararle su ardiente amor; si bien, por amor complace a su joven y bella prima, cuando ésta se enamora de Cristián, un apuesto cadete del regimiento de Cyrano, escribiéndole sentidas cartas de amor en nombre de Cristián, que no es un poeta. Cuando la veleidosa fortuna hace que su prima pierda a su amado, ésta se retira a un convento y allí la visita Cyrano periódicamente. Al fallecer Cyrano, Roxana se da cuenta de que es a éste a quien realmente amaba. Bajo la dirección del neoyorquino John Strasberg, contando como ayudante de dirección a Raúl Fuertes y con la excelente escenografía de Daniel Bianco y el grácil vestuario de Mª Luisa Engel, trece actores dan vida a más de otros tantos personajes, entre los que destacan el protagonismo de José Pedro Carrión (Cyrano), Lucía Quintana (Roxana) y Cristóbal Suárez (Cristián); en segundo término (no en importancia): Ricardo Moya, Miguel Esteve, Alberto Iglesias y Francisco Hidalgo, muy bien secundados por los restantes compañeros de reparto. Todos ellos han rayado a buen nivel artístico, incluso en la escena de la lucha a florete, destacando -indudablemente- los tres protagonistas y, sobre todo, José Pedro Carrión muy metido en su Cyrano. Bien el ritmo y los movimientos en escena e incluso fuera del escenario. De principio a fin, dos horas y media de representación que hicieron pasar al público que prácticamente llenaba el aforo una grata y entretenida velada teatral. Los fuertes aplausos que cerraron la primera parte y los prolongados y cálidos del final de la representación, así lo atestiguan. En resumen, hemos presenciado un buen Cyrano de Bergerac.