TIBUNA ABIERTA | O |
07 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.El 8 de marzo no es una simple fecha en el calendario, sino una jornada para la reflexión. Siempre he pensado que eso que algunos llaman conceptualmente «la mujer» no debe nunca identificarse como un colectivo uniforme, sino que es necesario distinguir entre políticas generales y actuaciones concretas para grupos específicos en situación de vulnerabilidad, riesgo o maltrato. Es por ello que pienso que ya va siendo hora de eliminar las concejalías de la Mujer y Consellos da Muller, y sustituirlos por el Consello Municipal da Igualdade, un ente que se identifica más con los objetivos y que podría ser más operativo. Todo ello en aras de que el trecho que nos falta por recorrer en el camino por la igualdad sólo puede hacerse en compañía de los varones, que han de ser copartícipes y colaboradores necesarios. No puedo dejar aparte la cuestión de la violencia ejercida sobre las mujeres porque es el fenómeno más revelador de lo mucho que falta por hacer. Sólo puede ser abordada con acciones dirigidas a mujeres y hombres. Todo ello pensando siempre en medidas de intervención con el agresor desde la primera denuncia o petición de ayuda de la víctima. Queda mucho por hacer. Un ejemplo: cuando un organismo como la Diputación lanza campañas en las que describe a la mujer como «madre, esposa, trabajadora y ama de casa» está identificando a la mujer en una situación de dependencia con respecto a otro. Le adjudica un papel de servicio. Para más, añaden un programa consistente en dos horas de balneario, como alternativa para la superación de los problemas que acechan a las mujeres en su vida cotidiana. Más seriedad: eso no es una política de igualdad, ni contribuye a superar la discriminación por razón de género. Quiero hacer también una referencia a un colectivo que llevan mucho tiempo entre nosotros, como son las mujeres gitanas. Ellas sufren, a mi juicio, una triple discriminación: por ser mujeres, por ser gitanas y por el hecho de que, dentro de su grupo, son las que trabajan por la igualdad las que padecen más especialmente el rechazo y la incomprensión de los suyos. Son todas estas reflexiones previas son las que nos ayudaron a dar forma a la campaña del 8 de marzo de este año. Nos conformamos si sirve de alivio o consuelo a las mujeres inmigrantes que vienen aquí en busca de oportunidades. Muchas de ellas están empleadas en el servicio doméstico, uno de los colectivos profesionales peor tratados en nuestro imperfecto mundo laboral. La precariedad poco tiene que ver con la legalidad o ilegalidad de la estancia y así, desgraciadamente, no todas pueden presumir de un contrato adecuado, un alta en la Seguridad Social y unos derechos reconocidos. Muchas ni siquiera perciben el salario mínimo. Personalmente, estoy convencida de que si el colectivo doméstico estuviese constituido mayoritariamente por varones, no estaríamos hablando de esto. Desde la Concellaría de Benestar Social nos gustaría hacer un llamamiento a los empleadores de estas mujeres para que reconsideren la situación y se pregunten si alguien tiene derecho a explotar a una trabajadora escatimándole unos derechos y menguándole un salario. Es la tarea que, humildemente, les proponemos para hoy: 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora.