La balaustrada de quita y pon

Mercedes Escauriaza PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

MUSEO DE PONTEVEDRA

Reportaje | Vicisitudes históricas de una barandilla Fue una solución arquitectónica para dar continuidad al Museo

27 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?unca una barandilla, en apariencia simple, dio tanta guerra ni sacó a la calle a más de medio millar de personas para defender su ubicación. Nunca hasta ahora se había encadenado -aunque lo hiciera de forma simbólica- una política del Partido Popular, como hizo la portavoz de la oposición, Teresa Pedrosa, para evitar que la balaustrada en cuestión fuera suprimida para dar paso a una rampa. Y pocas veces, hasta ahora, el concejal de Urbanismo, César Mosquera, ha reconsiderado un proyecto de cuño propio, como finalmente hizo. Tras varios meses de ríos de tinta, la barandilla más famosa de Pontevedra, la que separa Padre Luis de la plaza de A Leña, o dicho de otro modo, divide visualmente la zona nueva, en un punto de escaso valor arquitectónico, de lugares más relevantes, sino el más, del centro histórico, seguirá siendo testigo desde el mismo entorno de los cambios urbanísticos de la ciudad. Aunque lo hará desde otra perspectiva, cambiando su posición. Al menos, así lo contempla la nueva propuesta que el Ayuntamiento remitió en noviembre a la Dirección Xeral de Patrimonio, y sin previo conocimiento de la comisión de Urbanismo, donde expone el nuevo tratamiento que pretende darle a esta zona en la confluencia de las calles Naranjo, Padre Luis y Pasantería, abierta, sin embargo, aún a posibles modificaciones. Pero esta balaustrada de piedra con los escudos heráldicos, situada actualmente entre los dos edificios del Museo, y en un lamentable estado de conservación, ha sufrido no pocas vicisitudes a lo largo de la historia. Hasta ahora se han desarrollado distintas teorías -enmarcadas en un conflicto político que aún colea- sobre un origen que la vincula a Castelao, quien según Pedrosa, decidió su actual ubicación. El BNG, por su parte, reconoce que el ilustre galleguista salvó la barandilla de su destrucción en 1929, cuando se derribó el pazo de San Román (en la confluencia de Curros Enríquez con la calle Real), guardándola en el Museo. Sin embargo, los nacionalistas matizan que no fue hasta 30 años después, con el rianxeiro ya enterrado en Argentina, cuando se decidió rescatar la balaustrada de un almacén para ubicarla junto a las escaleras, al lado del Museo. Pero, fuera el que fuera el año de su colocación, lo cierto es que el proyecto de paso elevado para enlazar el Museo Provincial está datado en abril de 1943, como lo prueban los documentos que guarda el propio Museo. Por aquel entonces, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, Cousas da vida, si bien vivía en el doloroso exilio, aún no yacía bajo tierra por fortuna para él y para el nacionalismo gallego que pudo contar con su obra capital, Sempre en Galiza, publicada un año después, de la data que situó por primera vez la famosa balaustrada en su lugar actual.