Reportaje | El jurista independiente que colaboró con Bóveda y Tafall Un libro de Baldomero Cores recapitula el trabajo del abuelo del actual presidente del PP para impulsar la autonomía de Galicia durante la Segunda República
14 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.«Quien no tiene libertad para gobernar su propia casa y regir sus propios intereses, sea pueblo, sea persona humana, o es un esclavo, o un incapaz, que necesita tutela como los menores, los idiotas y los locos». Quien así hablaba en los años 30 era Enrique Rajoy Leloup, abuelo del actual presidente del PP, Mariano Rajoy, y motor del estatuto gallego de 1936 desde su puesto de secretario de la Comisión Redactora y, más tarde, del Comité Central de Autonomía. Un libro de Baldomero Cores recapitula toda esta actividad, muchas veces desconocida o poco valorada por falta de datos. Al lado de personajes políticos de la época, como López Pol y Ángel Casal, que fueron alcaldes de Santiago, y Bibiano Fernández Osorio Tafall, alcalde de Pontevedra y futuro valedor del texto en Madrid, Rajoy Leloup luchó contra viento y marea para sacar adelante el texto. Su socio principal en esta ardua tarea sería sin duda Alexandre Bóveda, sin que faltase el aliento de Castelao o Portela Valladares. Algunos de estos personajes pagaron con la vida su actividad política tras estallar la guerra civil. Rajoy Leloup tuvo más suerte, pero también sufrió la represión: fue privado de su puesto de profesor en la facultad de Derecho y relevado como decano del Colegio de Abogados de Santiago, ciudad a la que siempre estuvo muy vinculado. Después de 1936, tuvo que ganarse la vida como abogado en ejercicio. Independiente de raíz foralista, católico y no afiliado a ningún partido, Enrique Rajoy fue un hombre clave a la hora de poner en marcha el mecanismo estatutario por vía municipal, una vez descartados dos intentos anteriores. Concejal independiente por Santiago, Rajoy Leloup, con el apoyo de López Pol, dio vida en abril de 1932 a una comisión organizadora de una asamblea de municipios gallegos que debía avalar la demanda del estatuto. Peregrinaje Comenzó luego un peregrinaje por Galicia para ganar apoyos y, antes de las vacaciones de aquel año, tuvo lugar una asamblea preparatoria de la que salió una comisión redactora. Bóveda y Rajoy apostaron por un nuevo estatuto con la vista puesta en el texto de Cataluña, el único que había pasado por el Congreso y que, en consecuencia, marcaba el techo al que se podía llegar. Ambos mantenían una estrecha relación, reforzada a través de cartas y propuestas, así como en las comidas que el líder galeguista hacía en la casa compostelana de su amigo cuando se desplazaba desde Pontevedra. Su entendimiento contribuyó a una rápida tramitación y, en septiembre, ya había un anteproyecto de estatuto que, tras una exposición para presentación de enmiendas, se convirtió en dictamen en noviembre. También fue Rajoy Leloup quien dio vida al reglamento que regiría la asamblea de municipios que se desarrollaría a mediados de diciembre. Allí mantuvo una importante polémica con Iglesias Corral en torno al asunto de la capitalidad, finalmente resuelto con la encomienda de que sería la primera junta provisional de Galicia quien decidiese la espinosa cuestión. Un total de 209 ayuntamientos votaron el estatuto. Fue un resultado extraordinario ya que hubiese bastado con 160 concellos.