Desde mi butaca | Orquesta Sinfónica Nacional Checa
21 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional Checa, Nikos Athinäos visitó una vez más la ciudad invitado por Caixanova, ofreciendo un concierto conformado por obras de Schumann y Liszt, autores y programa muy relacionados entre sí: ambos compositores, pianistas, directores, contemporáneos y las obras programadas compuestas en los años 1850, 1851 y 1853, respectivamente, conteniendo un carácter programático-narrativo. El concierto se inició con la Sinfonía nº 3 de Robert Schumann, conocida con el sobrenombre de Renana. Es la más popular de las cuatro escritas por este compositor alemán y en muchos programas figura como cierre de concierto. Consta de cinco movimientos y es la más programática de la serie: en ella el autor refleja sus impresiones en torno a las orillas del río Rhin, su carácter bucólico y ritmos semipopulares; incluso su scherzo tiene cierta reminiscencia con la Sinfonía Pastoral de Beethoven. Su interpretación fue pausada, comedida¿ con reguladores y pianos dignos. La segunda parte del concierto estuvo dedicada a Franz Liszt. De sus 13 poemas sinfónicos fueron interpretados el nº 6, titulado Mazeppa, estructurado en tres secciones (Allegro agitato, Andante y Allegro marziale e nobile) y el nº 3, titulado Los Preludios, estructurado a su vez en cuatro secciones (Andante, L'istesso tempo-Allegro agitato, Allegretto pastorale y Allegro marziale-Allegro maestoso). Estos dos poemas sinfónicos son los más populares del ciclo, sobre todo Los Preludios, inspirada página en la que, hacia el final, nos hace recordar abiertamente a Wagner. Brillante ejecución. El tiempo climatológico, el estado de ánimo o el físico, influyen en el ser humano. No sabemos si alguna de estas circunstancias incidió en el autor de este sencillo comentario, lo cierto es que la actuación de la Orquesta Sinfónica Nacional Checa pasó como una más. Pasó sin esa comunión que frecuentemente se produce entre músicos y público, sin esa química que amalgama intelecto, arte, recepción¿ pasó sin pena ni gloria. Cohesión y equilibrio Ello no quiere decir que el programa no fuese hermoso o los músicos lo hiciesen mal, no. Las secciones de la orquesta estuvieron cohesionadas y equilibradas, las trompas a un nivel excelente, el resto del metal bien, la madera igualmente y no digamos la cuerda (desde los violines a los contrabajos), magnífica. Pero faltó ese halo que enciende y hace vibrar al espectador, destinatario del trabajo. Sabemos que la música sinfónica de Schumann no es lo más significativo de su producción y que los poemas sinfónicos de Liszt son verdaderas joyas. Los dos interpretados (Mazeppa y Los Preludios) alcanzaron momentos brillantes, así como la deliciosa propina ofrecida (Danza Húngara nº 1 en Sol menor, de Brahms, alumno y protegido de Schumann) muy bien conducida y expresada por el maestro Nikos Athinäos; pues bien, ello no fue suficiente para redondear el éxito que todos esperaban del concierto.