Espectáculo teatral desubicado

Leopoldo Centeno

PONTEVEDRA

Desde mi butaca | «Salomé», de Óscar Wilde

13 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Tras haberle sido negado el permiso para representar en Londres su comedia Salomé, Óscar Wilde publicó dicha obra en Francia, en 1893. De ella, Mauro Armiño realizó una versión contemporánea, que se representó en la ciudad bajo el auspicio de Caixanova. Hace exactamente un año que Aída Gómez trajo esta obra en versión de danza española, muy ajustada a la época en que transcurrieron los hechos históricos que libremente se narran. En la presente ocasión, la obra teatral desubica el contexto histórico situándolo en nuestros días (guardaespaldas, pistolas, teléfonos móviles, etc.), quizá llevado por un afán de protagonismo de su adaptador con fines comerciales. En honor a la verdad, Salomé está fundamentada en el Nuevo Testamento. Describe sui generis el final de la vida de Juan el Bautista a manos del tetrarca Herodes Antipas, quien vivía en concubinato con su cuñada Herodías, la cual tenía una hija llamada Salomé, joven y caprichosa, hermosa y lasciva. La obra transcurre en una sola noche y tiene como leitmotiv tres estados de la luna, presente en todo momento en el decorado moderno: amarilla, significando el estado ambiental (exposición); blanca, como la palidez de la muerte (nudo o desarrollo) y roja, como la sangre que abarca la tragedia (desenlace). Así, en su primera frase, escuchamos: «Hermosa está esta noche, para la princesa Salomé». El Bautista, el «hombre santo», está encerrado en una celda. Salomé desea verlo. Seduce y obliga a los guardianes para que lo saquen de la mazmorra. Lo consigue. Juan (Yohannán) le dice: «¡Hija de Sodoma, hija de Babilonia, no me toques! ¡No profanes el templo del Señor!» Un joven capitán, homosexual, se enamora de Salomé y ante la desesperación de que ella sólo tiene ojos para el profeta Juan, se dispara un tiro en la cabeza. Su cuerpo se pone blanco como la cera, como la luna. El amigo-amante del muerto, exclama: «¡Maldita seas, hija de madre incestuosa!». Apareciendo en escena acompañado de Herodías, el rey Herodes dice: «¡Qué rara está esta noche la luna. Parece una mujer histérica!». Y así continúa un texto en el que se van parafraseando hechos del Mesías y el profeta Juan, relatados en el evangelio, hasta que Herodes , excitado, dice: «Salomé, baila para mí. Te daré todo lo que quieras. La mitad de mi reino. Lo juro». Al son de una campana, Salomé inicia una danza sensual y lujuriosa que concluye con un desnudo integral. Influida por su madre, Salomé le pide a Herodes la cabeza del profeta en una bandeja de plata. Al final, la luna se tiñe de rojo como símbolo de la tragedia que se consuma¿ Bajo la buena dirección de Miguel Narros, el elenco de actores cuajó una espléndida interpretación, destacando la de sus protagonistas: María Adánez (Salomé), el popular Millán Salcedo (Herodes), Chema León (Yokannán) y Elisa Matilla (Herodías). El espectáculo contó con música de José Nieto y coreografía de Víctor Ullate. Lleno absoluto. Un total de 105 Minutos ininterrumpidos de buen teatro.