En directo | Testimonios
30 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Pasaba de las diez de la mañana cuando cruzamos la linea divisoria que parte estos dos mundos. Atrás se quedan los teléfonos móviles, dos familiares que esperan su turno, los documentos de identidad que se ceden en la taquilla, los sueños y las libertades. En lo alto, en las ventanas de las celdas de la segunda planta de cada uno de los módulos, las telas de colores cuelgan dando vida a una paisaje que se ahoga entre paredes de cemento vestidas de fiesta. Los muros están pintados con monumentos y edificios emblemáticos de la provincia, que le dan color. Los horarios y las normas deciden cuando termina el día. Dos reclusos por celda Los hombres y las mujeres, pese a las horas juntos, se comunican poco. «Estar aquí no es nada fácil. Tienes los nervios de punta y muchas veces lo que quieres es estar solo porque, por lo general, más que compañía lo que te dan los demás son problemas», dice uno de los internos de A Lama. «Una cosa es que te priven de libertad, y otra que te obliguen a estar veinticuatro horas acompañado -dice un hombre que lleva más de seis años en prisión-, los chabolos son muy pequeños como para que tegamos que estar dos en cada uno. Bastante duro es tener que aguantarse a uno mismo veinticuatro horas». Islam Dicen los internos que un hombre con rasgos árabes que pasea por uno de los patios no suele comunicarse con nadie. «Le interesan los de sus creencias, y de ellos lo alejan para que no puedan montar polémica, como la que hubo hace escaso tiempo». A Tomás, trabajador en A Lama desde que abrió la prisión, los reclusos le tienen aprecio. Cuenta que las condiciones dificultan el tratamiento individualizado. Más de treinta nacionalidades conviven en un espacio limitado que, si bien «ahora está más tranquila que hace dos años», no es fácil por el contraste ideológico. En este momento, 435 varones y 15 mujeres son extranjeros en A Lama. Marroquíes, argelinos, portugueses, rumanos y venezolanos encabezan la lista de nacionalidades. «Es imposible la agrupación o el distanciamiento de determinados presos precisamente por la masificación. Tenemos más gente de la que debería, y es imposible hacer una clasificación como marca la normativa penitenciaria». Puestos de trabajo Cotizar a la Seguridad Social un sueldo que ronda los 500 euros y «mantener la mente ocupada». Los que acceden a un puesto de trabajo son, posiblemente, los que mejor llevan su condena y están más cerca de la reinserción. Un modo, como dice uno, de «seguir conectados con el mundo real y no vivir sólo con tus quebraderos de cabeza». Drogas El módulo nueve de la prisión de A Lama es especialmente duro. Sus internos son o han sido drogodependientes y sus salidas están más reguladas para que las sustancias no se extiendan, «es una contradicción, pero las drogas entran en los permisos, en las comunicaciones o a través de funcionarios corruptos, que también los hay», aclara uno de los trabajadores de prisión. Según Antonio, recluso de A Lama, «muchos internos se enganchan aquí como vía de escape». Estupefacientes a un precio más alto. Drogas que remueven los extrarradios también de ese mundo, cercado por la línea de hormigón que separa la vida en la calle de las realidades de los presos.