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PONTEVEDRA

RAMÓN LEIRO

Praza da Ferrería Un grupo de personas de la Residencia de Ancianos y del Hogar del Mayor contarán sus experiencias a niños de la guardería y del colegio de Campolongo

19 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Se llaman Esperanza Rosales, Irma Tapia, Carlos Torres, Eloy Blanco, Manuel López González, Manuel Tomé, Ramón Cruz y Juan Pablo Palacios Fernández y tienen mucho que contar. Unos viven en la Residencia de Ancianos de Campolongo y otros son socios del Centro de Mayores de la Alameda y quieren transmitir sus recuerdos y su historia. Lo harán a través de unos encuentros intergeneracionales programados con niños de 0 a 12 años, de la guardería pública y del CEIP de Campolongo que se llevarán a cabo a partir de este mismo mes. Conocimiento mutuo La iniciativa fue presentada por las directores de los dos centros, Teresa Prat Vilas y Consuelo López Fontao, y del colegio, José Carlos Otero. Lo que se persigue es potenciar la relación entre iguales, personas mayores de 65 años de la residencia y del centro de mayores, y entre diferentes, ancianos y niños. Teresa Prat subrayó que la residencia es la casa de los que viven en ella, y que sus ocupantes son vecinos de Campolongo y de Pontevedra, que tienen que estar abiertos a la sociedad, conocer a gente y darse a conocer. De ahí que esta primera experiencia se haga precisamente con dos centros docentes del barrio, muy próximos físicamente a la residencia. También destacó Prat que los voluntarios participantes tienen mucho que transmitir. «Si hablamos con ellos nos damos cuenta de que es posible hacer una novela histórica e interesantísima de su vida y eso es de lo que queremos hacer partícipes a los niños». José Carlos Otero, por su parte, destacó que la presencia de los ancianos en el centro será una forma de ofrecer a los alumnos una metodología de trabajo, una estrategia didáctica para que se de una transmisión de conocimientos mútua. «Si yo quiero explicar a mis alumnos lo que es la emigración -dijo-, por mucho recursos didácticos que pueda tener nunca van a ser tan interesantes como las vivencias que puedan tener las personas mayores». Emigración Precisamente ese tema de la emigración será abordado por Esperanza Rosales, Irma Tapia y Manuel López González. Este anciano, partió de su Ourense natal a los 14 años y paso a paso, andando, se fue a Castilla, por donde estuvo hasta el año 1945. Pasó muchas penalidades durante la Guerra Civil, que lo pilló en los dos bandos. Incluso estuvo en un campo de concentración y recuerda el terror de algún interminable bombardeo aéreo. Luego, la vida le llevó a América. Estuvo en Canadá, Estados Unidos, Venezuela, Colombia o Brasil, países en los que trabajó de todo, ejerciendo, entre otras, las profesiones de mecánico, jardinero, chófer, taxista y hasta periodista. Las charlas se desarrollarán del 21 de abril al 9 de junio y además de la emigración, en ellas se abordarán temas como los cambios en la sociedad pontevedresa, los oficios y profesiones en decadencia, valores morales y experiencias de la vida, protocolo social o la vida de Mozart, en su año internacional. Esta última charla estará a cargo del compositor Manuel Tomé, que lleva nueve meses viviendo en la Residencia de Campolongo. También habrá sesiones de cuentacuentos para los niños de la guardería de Campolongo, apoyados con muñecos para hacerlos más amenos. En este caso, ya tuvo lugar una sesión, el pasado 24 de marzo, que resultó todo un éxito. Los ancianos contaron el cuento de Caperucita roja, y los pequeños lo pasaron en grande. Habrá otras dos sesiones el 21 y 28 de este mismo mes. Por cierto los alumnos del colegio de campolongo recogerán los relatos de los mayores de cara a su posterior publicación como una unidad didáctica similar a la realizada sobre el río de los Gafos. Experiencia positiva Por otra parte, la jefe del servicio de Vigo, María Eugenia Costas, destacó que en la ciudad olívica se había desarrollado un programa similar entre una residencia de mayores y varios institutos y el resultado fue magnífico. «El intercambio y las relaciones que se fomentaron en aquella época -afirmó- fueron tan estupendas que algunos de los participantes se adoptaron mutuamenhte. Hubo familias que adoptaron al abuelo y se lo llevaban incluso a comer a su casa, porque entendían que aquella persona tuvo un vínculo muy importante con los alumnos que no querían dejar que esa relación mueriera».