El año del perro en Pontevedra

Ramón Capotillo PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

CAPOTILLO

Crónica | Una comunidad creciente Durante estos días los chinos de la ciudad se encuentran inmersos en la celebración de la llegada del Año del Perro, ideal para casarse, pero que acabará agitado

04 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?i al pasar cerca de un «todo a cien», de repente se topa de bruces con un temible dragón de cabeza gigante, no salga disparado, en busca de un loquero creyéndose la reencarnación de Shongoku. Tampoco si escucha una salva de petardos a medianoche, piense que Lores ha decidido celebrar en la Ferrería un sucedáneo gallego de las Fallas de Valencia. Y, sobre todo, si al pagar la cuenta en su restaurante chino favorito, el camarero le espeta algo así como «kung-hsi fa-tsai», no es que le este llamando rata por no dejar propina, en realidad le esta deseando felicidad y prosperidad, o lo que es lo mismo: Feliz Año Nuevo, el que durante quince días celebra toda la comunidad china de Pontevedra. Un dios un poco cotilla La familia Chen, dueños del restaurante Hong Kong, andan estos días muy atareados con tanta celebración. La fiesta comenzó el sábado pasado cuando despidieron el Año Viejo. A partir de la una de la madrugada, cuando cierran el restaurante, se reúne toda la familia. Lo primero que hacen es quemar papel moneda (no se asusten pensando que les entró complejo de Onassis, es dinero falso para uso ritual). Se supone que ese día el Dios de la Cocina asciende a los cielos a visitar al Emperador de Jade, y como de todos es sabido que los dioses no llevan suelto, de esa manera le pagan los gastos del viaje. Esta deidad viene a ser como una suegra cotilla que esta todo el año ojo avizor para chivarse al Emperador de tus faltas, así que los días que esta ausente, los chinos no tienen en casa a nadie que los vigile y pueden despiporrarse todo lo que quieran. El nabo da larga vida Después de encender incienso para tener suerte y colgar las «coplas de primavera» (papelitos rojos donde escriben bendiciones) por toda la casa, dan buena cuenta de una suntuosa cena cargada de simbolismo. La mesa ha de ser redonda, pues significa perfección y eternidad, que es lo que se espera para las relaciones familiares. En el menú es imprescindible el pescado «yu» que representa la abundancia, los langostinos la felicidad, las bolitas de carne «jou-wan» indican reunión, el apio «kin-tsai», para que tengamos una vida fácil, el pudín de arroz «nien-kao», ascender en la empresa, la piña tropical, prosperidad y las empanadillas «shui-chiao» que recuerdan los lingotes de oro, se comen para conseguir mas riquezas. Imprescindible es el nabo «tsai-tou», pues su raíz se asemeja a un anciano con barba. Simboliza la sabiduría y larga vida para la familia. También es tradicional tirar las cosas viejas y devolver todas las deudas antes del Año Nuevo. Los empresarios han de darles un banquete a sus empleados para agradecerles el esfuerzo y dedicación laboral. ¡Una advertencia! Si usted trabaja en un bazar chino y durante ese festín se sirve pollo y la cabeza apunta hacia usted con el pico acusador, que sepa que está despedido. Así lo manda la tradición. ¡Que pasa Nien! La fiesta termina a petardazo limpio para espantar al Nien, una bestia de gran crueldad que se come vivas a las personas, si bien Chen, el dueño del restaurante nos tranquiliza asegurando que no conoce a nadie que haya sido zampado todavía. Al día siguiente, mientras los dioses siguen de juerga en el palacio del Emperador, los niños van de casa en casa a presentar sus respetos a los mayores y estos a cambio les entregan unos sobrecitos rojos con dinero. Con tanta visita llegan a juntar hasta mil euros. ¡Paso de Papa Noel, yo quiero ser un niño chino! El cuarto día el fervor empieza a disiparse pues el chivato Dios de la Cocina regresa y hay que empezar a portarse bien. Durante las catorce noches siguientes a Fin de Año se cena cada vez en una casa distinta. Destacan el ágape del noveno día, en el que el Emperador esta de cumple y el decimoquinto durante el cual, en un último estertor festivalero, se abren las puertas para que entre la riqueza y los chinos jóvenes salen en tromba a la calle con tantos farolillos y petardos, que ríase usted de la «mascletá»