EN LA ONDA | O |
31 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.ESTÁ claro que Pontevedra vive una euforia constructiva difícil de explicar con los datos económicos oficiales. Si los sueldos son los que son, si la precariedad laboral es la que se dice y si apenas llegamos a fin de mes, según señalan los estudios de mercado, ¿cómo es posible que se hagan, se vendan y, sobre todo, se compren tantos pisos con los desorbitados precios que tienen? En la capital ya hay pisitos de cuatro dormitorios que rondan los 70 millones de pesetas de antes, y subiendo. Aplicando la lógica, solo cabe concluir que las estadísticas mienten o que tenemos una economía paralela con elevadas cantidades de dinero negro. En muchas zonas de la ciudad, los pisos han duplicado su precio en apenas siete años sin que haya justificación posible. Los promotores echan mano al valor del suelo para explicar la subida; pero mienten. A modo de ejemplo sirva un reciente estudio económico realizado por una entidad bancaria para un proyecto de chalés a tiro de playa: concluía que el precio de coste de cada vivienda no superaba los 10 millones de pesetas, incluido el suelo; sin embargo, el precio de venta iba a triplicar esa cantidad. Ahí está la clave: los pisos suben en función de lo que quiera ganar el promotor; y para ello se recurre a todo tipo de artimañas y técnicas. Por ejemplo, en la zona de Tafisa se incide en el gran proyecto urbanístico que se avecina; en la zona del hospital se echa mano al Corte Inglés asegurando que ya compró una gran superficie para abrir en Pontevedra un Hipercor; y en Campolongo se apela al nuevo centro administrativo de la ciudad, con Hacienda y la Xunta a tiro de piedra. El negocio es evidente, lo demuestra el gran número de inmobiliarias que tiene Pontevedra, y más que se avecinan. Hay ya casi tantas como cafeterías, tiendas de ropa y peluquerías. Todo va bien.