Entrevista | Álvaro Garrido de la Cierva Sin pulsos, con sentido común y consenso, Garrido reclama una legislación flexible
26 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Desde el Club de Fumadores por la Tolerancia, Álvaro Garrido rechaza enfocar el debate en torno a los riesgos que tiene el tabaco o como una confrontación entre fumadores y no fumadores. Prefiere hablar de la dimensión social del problema que plantea la nueva legislación. «Es una ley que afecta a todo el mundo, no quiero banalizar, pero mucho más que el Estatut de Cataluña. Afecta a diez millones de fumadores. Estamos en un país en el que la gente cuando se casa regala puros como símbolo de amistad». -Pero por lo menos, con la nueva ley, ganamos en salud. -Estaba claro que había que defender al no fumador. Pero se ha ido a la legislación más restrictiva de toda Europa. Las salas de fumadores en ningún momento suponían un riesgo y evitaban una serie de problemas que empiezan a surgir tímidamente. Ahora, en cuanto se empiecen a aplicar las sanciones y afloren las denuncias es cuando puede haber algún riesgo. -La mayoría de los locales han optado por permitir el tabaco ¿Han ganado ustedes la batalla? -No queremos llevar esto a ningún tipo de pulso. Esto viene a demostrar que no era una gran demanda social la de contar con espacios sin humo en bares y restaurantes. Antes de la ley, los empresarios ya eran libres de contar con espacios sin tabaco. Si hubiera una demanda social clara, no me cabe duda de que los hosteleros hubieran visto esa oportunidad de negocio. A la gente le sigue gustando fumarse un pitillo tomándose una caña, un café o el menú del día al salir de la oficina. Y hacerlo en algún lugar que no sea la fría calle. -La fría calle y dentro de poco los balcones, si se sigue la senda que parecen marcar ahora los finlandeses. -Y no sólo eso, sino que ahora vemos comportamientos tan radicales como la CEOE, que pretende prohibir las pausas para el cigarro. Hay que tener en cuenta que se trata de un cambio muy radical que afecta a mucha gente, y que hay que articular soluciones intermedias para que la gente se vaya amoldando. -Hay centros de trabajo diferentes, pero la ley es homogénea. -Eso es lo que nosotros defendemos. No se puede hacer una ley de máximos. ¿Por qué una empresa de tres trabajadores en la que los tres sean fumadores no se va a poder fumar? Acaba de salir la noticia de que en la reunión de Mas y Zapatero sobre el Estatut se fumó en esas seis horas de reunión. Es lógico. Nosotros no criticamos la actitud de Zapatero, comprendemos que en una situación tan tensa se fume. Lo que nos sorprende es que el presidente del Gobierno sea uno de los primeros que se salte la ley cuando el resto de los españoles estamos aquí a ajo y agua. -La tolerancia es una palabra que significa mucho. ¿Ustedes cómo quieren manejar esta palabra? -Nosotros la palabra tolerancia la utilizamos en el sentido de que en la convivencia hay muchas cosas que no nos parecen bien pero que tenemos que aprender a asumir. Convivir es llegar a acuerdos. No hacemos ningún tipo de apología del tabaco: fumar es malo y todo el mundo debe saberlo. Lo que defendemos es el derecho a los adultos a consumir un producto legal, y que la relación de fumadores y no fumadores no sea una batalla. Lo que pedimos es un poco de sentido común.