Un descenso muy matizado

Martiño Suárez PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

JAIME OLMEDO

En directo | La visión de los profesores Directores de escuelas de la ría de Pontevedra y del interior aseguran que lo peor ha pasado, y que en algunos casos sus cifras de matrícula están subiendo

19 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

«¡As cousas son como son, e ter fillos é moi caro!», bromea Fernando Goldar, director del colegio A Torre, en Cela (Bueu). Él, como muchos de sus colegas de la comarca, han comprobado en sus propias aulas cómo el descenso de la natalidad ha hecho aquellas clases de cuarenta alumnos amontonados hasta en los pasillos se han convertido en salas más plácidas, en las que el número de alumnos es bastante más manejable. Sin embargo, muchos responsables de las escuelas de la zona advierten una nueva tendencia: el número de niños matriculados no sólo se mantiene desde hace unos diez años, sino que últimamente incluso crece de forma tímida. «Chegamos a ter só 104 alumnos, pero agora estámonos mantendo arredor dos 120», exlica Marta Couso, directora del colegio de A Lama. El concello es, con el de Campo Lameiro, el que menos alumnos tiene de toda la comarca, y, además, sufre las consecuencias de encontrarse, como buena parte del interior rural de la comarca, fuera de los principales flujos económicos de la zona. Sin embargo, Couso ha detectado que en los últimos tiempos «a xente nova vaise quedando máis a vivir aquí, aínda que logo traballen fóra». Eso hace que las cifras de matrículas se vayan recuperando: «Cando perdimos o ciclo superior, os antigos sétimo e oitavo de EXB, notamos moitísimo o descenso; desde entón xa non tanto», cuenta. Cada escuela es un mundo, y cada director tiene su propia historia. Berta Lima es la encargada de que las cosas funcionen en el colegio de Campañó, una parroquia rural del concello de Pontevedra. Tiene ahora mismo unos cien niños a su cargo, un número que, según cuenta, se ha ido manteniendo en los últimos tiempos. «Antes teníamos séptimo y octavo [de EGB], y no había buses para que los niños bajasen a los colegios de Pontevedra. Con todo eso hemos perdido alumnado, naturalmente», explica. Luego cuenta un fenómeno curioso: «Hay muchos padres que llevan a sus hijos a Pontevedra, bien porque tienen hermanos mayores que van al instituto [algo que no es posible en Campañó, donde no hay un centro de este tipo], bien porque creen que allí se preparan mejor, cosa que no es cierta, claro». «Aquí tenemos inglés desde los cuatro años, e informática... Los niños que empiezan aquí no se marchan», explica la directora de un colegio conocido por las interesantes actividades que desarrolla para sus alumnos. «Ahora mismo tenemos un preescolar muy bueno», explica Lima, hablando de expectativas de futuro. En educación infantil, admite, no logran conseguir el alumnado suficiente para llegar a las tres aulas. En otros lugares de la zona el panorama parece incluso más positivo. «Non podemos chamarlles catastróficos, porque sería pecar un pouco de alarmismo, pero tivemos anos moi malos. O 1997, por exemplo, houbo un baixón de matrículas moi importantes». Lo explica así Fernando Goldar, principal responsable del colegio de Cela. La población escolar de su centro se ha mantenido más o menos fija, o incluso ha subido, desde entonces, aunque el cambio con respecto a lo que ocurría hace diez años, explica, ha sido enorme: «Entón tiñamos dúas aulas en cada curso, e agora quedamos cunha soa, por exemplo; daquela a xente tiña tres e catro fillos, e agora teñen un, e máis tarde, aos trinta anos, porque ata que non está consolidada a vida non se pode facer nada». Sin embargo, Goldar cree que en la zona de O Morrazo, una de las que mejores índices económicos tienen de Galicia -según una tesis doctoral de la Universidad de Vigo, sus hogares son los mejor equipados del país-, se está produciendo «un repunte demográfico. Desde o ano 1998 tivemos moi bos anos».