Reportaje | Un belga recorre Europa con su carro de caballos Robert De Laet estaba el viernes en Pontevedra. Hoy su destino lo marca el azar y la venta ambulante. En su periplo le acompaña una familia de equinos
29 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Mourente fue esta semana una nueva estación de paso para este belga, que lleva 17 de sus 41 años recorriendo el mundo como lo haría Labordeta. Robert De Laet viaja ahora en un carro, pero durante mucho tiempo su único medio de transporte eran sus piernas y su compañía, un perro. La fatalidad quiso que éste muriese por la picadura de una serpiente, cuenta este ciudadano belga y, desde entonces, sus mejores amigos en el camino son una familia de equinos. «Llevo un par de años criando caballos -explica en un casi perfecto castellano, que habla junto a otras cuatro lenguas-. La madre es Hobby y el padre, Chicco. En La Rioja nació la primera cría, Pony, y en Sanabria la segunda, Arab, al que llamo así porque es un cruce de caballo austríaco y árabe». Con ellos duerme todas las noches, cada día en un lugar. ¿Qué hay una ola de frío polar? No pasa nada. «Lo pasé peor en Sanabria, pero en el carro estoy bien y me gusta mucho la vida en la calle». De Laet nunca ha tenido un trabajo fijo. En Bélgica pasó de obrero o pintor a camarero. «Se trata de sobrevivir», dice comentando su estilo de vida. Y luego, su viaje iniciático. Al principio en coche, por Francia, Italia, Suiza, Austria, Dinamarca o Turquía. De ahí a España, ya andando, con parada en Algeciras, Cádiz, Extremadura... Y ahora Galicia, donde lleva dos meses, pero también sólo de paso. Su idea es recorrer la costa galaica para después llegar a Asturias, Santander, el País Vasco y luego, rumbo a Alemania. Eso sí, además de bohemio es diplomático: «no puedo decir que me guste más una región española que otra. Me voy al sur y me gusta, el norte también...» Su nuevo medio de vida pretende que sea la venta ambulante. «He llegado a un acuerdo con una empresa para vender café por los pueblos -explica-. Es la primera vez que me dedico al comercio y en el carro me caben cincuenta kilos. Estoy arreglando los papeles para no tener problemas y a ver qué tal me va. Espero reunir dinero para seguir viajando». Vivir como un nómada tiene sus riesgos. Pero, los únicos problemas que ha tenido en sus distintos viajes se han resuelto sin mayores complicaciones. «Normalmente la gente recela un poco cuando te ve -reconoce-. Pero enseguida lo resolvemos. Alguna vez me vi rodeado de diez agentes de policía». Hablando se entiende la gente y esto es lo que hizo con el propietario de una finca en Mourente para instalar su carro y dormir esta semana junto al CEIP Villaverde. Calcula que lleva unos 50.000 kilómetros a pie y dos vueltas a España en carro. De su vida anterior prefiere no hablar. «Es una historia larga y mi sangre me dice que soy un bohemio. Para mí, es difícil ser paisano -así es como llama a los que echan raíces-», añade. Incluso quiere dejar como testimonio una novela que relate sus experiencias. «No tengo prisa». Desde luego que no. Queda globo para recorrer.