Entrevista | Helio Pedregal Pedregal y Juan Echanove son dos hermanos agriamente enfrentados en el último montaje que protagoniza este intérprete, uno de los más comprometidos con la escena
23 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?espués del éxito de Panorama desde el puente, con la que Pedregal obtuvo el premio Max, el actor vuelve a protagonizar otra obra de Arthur Miller, El precio. -Últimamente, parece sentir predilección por Miller. -Hasta Panorama nunca había hecho nada suyo y es verdad que cuando hice esa función fue un gran descubrimiento. Es un autor actual, que tiene el carácter que yo más aprecio en un autor de teatro, es una persona absolutamente comprometida con su tiempo, con la sociedad en la que vive, alguien que escribe teatro para que el teatro tenga la función que considero esencial, que es que sirva para arrojar alguna luz sobre las cosas que nos pasan. En ese sentido, me parece admirable. Se dice que Miller puede ser considerado el más grande del siglo XX y yo voto por eso. Él proyecta un enorme rigor con lo que significa el teatro en este momento. -¿Qué le atrajo de su personaje? -El personaje que a mí me toca hacer en la función es un cirujano famoso de los 60 en los Estados Unidos, que debería estar muy alejado de mi vida real y sin embargo cuando leí la historia me di cuenta de que nos parecemos mucho. Si yo tuviera que elegir entre los dos hermanos, optaría por la actitud de Walter. Muchas veces cuando acaba la función hay gente que se acerca y te comenta: «No sabe usted cómo conozco yo a esta gente». Es muy frecuente y quiere decir que como todos los clásicos y Miller lo es, cuando escriben con ese rigor que hablaba, están hablando de nuestra vida real. -A pesar de que se le parece, ha confesado también que ha sido su personaje más difícil. -Sí, me dio miedo, porque nunca había hecho este tipo de personajes. Yo soy un actor más bien trágico, como el protagonista de Panorama desde el puente, o El rey Lear. Y este personaje es contenido, con cinco vueltas y media de tornillo, no es directo y a la vez es templado, puede enfrentarse a los problemas de forma pausada. Y ha sido una experiencia fantástica. Llevamos 250 representaciones y ya somos amigos. -¿No resulta agotador mantener dos horas de discusión con Echanove diariamente durante tantos meses? -No, con Juan Echanove incluso es menos. Para nosotros no son suficientes las dos horas de representación cada día y nos divertimos peleándonos permanentemente después en la calle, en el restaurante o viajando. Le hemos cogido gusto a los personajes que nos han tocado y vamos incluso un poco más allá de lo que la gente puede ver. -Viendo el éxito de obras como ésta, ¿es de los que opina que el teatro ha revivido en estos últimos tiempos? -No lo sé, la verdad es que no tengo una opinión muy optimista. Llenar los teatros subvencionando la producción y las entradas no me parece una buena idea. No me parece que así podamos medir qué es lo que el público realmente necesita. Yo sabría eso si de pronto el teatro se mantuviera por sí mismo. Cuando ando por ahí y encuentro un lugar donde el teatro se llena pero me entero de que la butaca cuesta seis euros me deprime, porque en el fondo no sé qué pasaría si los espectadores hubieran tenido que pagar el precio que cuesta mantenerlo. -Lo suyo con el teatro sí es compromiso, hasta el punto de aparcar cine y televisión. -Cuando uno está haciendo teatro, es difícil compaginarlo. Esta función, por ejemplo, llevamos año y pico viajando por todo el país. He tenido que dejar cosas de televisión porque no he podido estar para el rodaje. Pero por supuesto, yo si he de definirme es como actor de teatro. Es lo que he sido siempre y todo lo demás han sido colaboraciones muy gustosas. Sé que mi medio natural es éste. Quizás cuando sea mayor... -Cuando recibió el premio Max de teatro se refirió a la escena como «un hecho vivo». ¿Qué quería decir? -El concepto lo sigo manteniendo. El teatro no es un asunto de ocio, en el que uno aprovecha para desahogarse y liberarse de los problemas de la vida. Hay mucha gente a la que le preguntas si le gusta el teatro y dice «sí, sí, pero para reírme, que para problemas ya está la vida». Eso me parece un comentario deplorable porque le resta al teatro su función más noble. Y cuando digo que esté vivo me refiero a que realmente compromete, tanto a las personas que están arriba del escenario como los que están abajo participando de la obra. Echo de menos eso. Hubo una época en la que el teatro conmovía a la gente y pasaban cosas, incluso escándalos, se pateaba, se protestaba, se denunciaba... Todo eso es algo que yo en este momento echo de menos.