?l lunes, Nino Mirón leyó la cartilla a sus futbolistas después de que estos perdiesen en Logroño y complicasen la clasificación del Pontevedra para la fase de ascenso a Segunda. Todavía quemado por la experiencia, el presidente granate hace un retrato no muy bueno de los jugadores y el mundo del fútbol. -Acaba de recibir un premio al juego limpio. ¿Se juega limpio desde el despacho de un club? -En el del Pontevedra sí, no sé si porque soy un presidente atípico. -¿Por qué hay tantos constructores presidiendo equipos de fútbol? -No sé. Un Madrid, un Barça, un equipo de Primera creo que da imagen y prestigio. El Pontevedra lo único que te da son jaquecas y quebraderos de cabeza. Yo podría estar en un equipo ciclista, o en cualquier otra historia deportiva. Esta ciudad me dio muchas cosas, y yo se las devuelvo así. Yo imagen ya la tenía antes de entrar en el fútbol, y prestigio también. Ya tenía mi cuota de popularidad. -¿Qué le ha costado más aprender en estos tres años de presidencia? -A marchas forzadas aprendí muchas cosas y tengo que seguir aprendiendo, porque este era un mundo que desconocía y que no tiene que ver con nada. Aquí el jugador manda. El despido te sale carísimo. Tienes que tener muchísima paciencia y ser muy suave. -¿Es muy diferente dirigir a un club de fútbol a dirigir una empresa? -Completamente. En un equipo tienes unos directivos que no tienen un sueldo y no les puedes dar órdenes como en una empresa a tus colaboradores. Al menos la mía, los que están en los puestos de mando sienten la empresa como suya. -¿Y qué tal se lleva con el presidente del Teucro? -Pues me llevo bien [se sonríe]. No me llevo mal. -Hay algo de rivalidad, ¿o no? -Creo que no, no lo veo así. El presidente del Teucro defenderá los intereses del Teucro y el del Pontevedra, los del Pontevedra. Pero no tienen por qué no ser convergentes. -¿Cómo es su relación con los jugadores de fútbol? -El jugador, mientras está en activo, es una persona muy especial. Hay un corporativismo tremendo, fuera de la realidad, tienen unos códigos diferentes. Pero cuando dejan el fútbol vuelven a ser personas como usted y yo.