CRÍTICA | O |
10 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.El pasado viernes tuvo lugar en el Pazo da Cultura un gran concierto de la Orquesta Sinfónica de Galicia, bajo la dirección del italiano Alberto Zedda y en el que actuó como solista la mezzosoprano Mónica Bacelli. Los mencionados artistas han ofrecido un concierto inolvidable, tanto por la originalidad y dificultad del programa elegido como por la orquesta, el director y la solista vocal, amén de la excepcional interpretación de los mismos. Todas las obras contenían una instrumentación de bellísima factura: exuberantes en Prokofiev y Ravel (primera y última de las obras programadas) y de extrema y sutil delicadeza en las obras vocales de Ravel y Berio, con las que se cerraba la primera parte y se iniciaba la segunda. El concierto se inició con la Sinfonietta op. 5/48 de Serge Prokofiev. Cinco movimientos constituyen esta Sinfonietta, todos ellos de singular escritura, rica y amplia instrumentación, plenas de colorido en su paleta orquestal y de gran dificultad para su interpretación, pero que la excelente Sinfónica de Galicia y la batuta del diminuto pero gran director milanés Alberto Zedda, han hecho de la misma una antológica versión. Le seguía en programa Shéhérazade, para mezzosoprano y orquesta de Maurice Ravel, obra densa y difícil, con una gran instrumentación en la que emplea un lenguaje armónico personal, colorista y combinando los sonidos con un gran refinamiento (el compositor francés era un maestro en este arte), en la que la mezzosoprano italiana ha realizado una espléndida interpretación en sus tres bloques: elegancia, potencia de voz (contenida en muchos de sus pasajes con suma maestría), con filados y pianissimos de gran calidad y, en general, dotada de notable expresividad. La segunda parte comenzó con un delicado ramillete que podríamos titular Suite de Canciones Folklóricas, de Luciano Berio, en la que hasta once temas de distintos países y zonas (USA, Armenia, Francia, Sicilia, Italia, Cerdeña y Azerbaijan) configuran esta suite de refinado porte y natural sentido del color. Monica Bacelli volvió a lucir sus singulares condiciones vocales en esta deliciosa obra que, con una plantilla orquestal más reducida, la acompañó cual terciopelo que envuelve una auténtica joya. La dirección: una perla. Concluyó el programa y el concierto con la "Suite nº 2 de Dafnis y Cloe", de Maurice Ravel, con amplia plantilla orquestal en la que para timbre, colorido y ritmo han intervenido ocho percusionistas: Una exuberante y rutilante obra en la que la orquesta y el maestro Zedda se han entregado intensamente a sus pentagramas. Un lujo de interpretación y dirección.