Fígaro, un astado de Alcurrucén, se convirtió ayer en el primer toro indultado en San Roque El matador igualó a Antoñete al conseguir dos orejas y un rabo, algo que no se veía desde 1985
10 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?obrado. Fígaro, Fígaro, Fígaro... Como la ópera. Antonio Ferrera hizo de director de orquesta en la feria de la Peregrina, que se clausuró ayer con el broche de oro que pusieron estos dos protagonistas: toro y torero. El primero, un astado berrendo de la ganadería extremeña de Alcurrucén, no sólo pasará a la historia por ser el primero que es indultado en el coso de San Roque en 103 años, sino también por quitar el sabor amargo de la tarde anterior. El torero lo manejó a su antojo. Se gustó. Y gustó al público. Y ambos se conjuraron para que Fígaro deje su simiente en esta divisa, tras curar sus heridas. Empezó bien. Arriesgó y recibió al toro de rodillas desde el estribo para conducirlo luego a los medios, donde comenzó con unos vistosos molinetes y media verónica. Fue el comienzo de una bonita faena, en la que Ferrera estuvo muy ajustado y colocó con acierto sus tres pares de banderillas. Con la muleta ofreció un bonito toreo en redondo y varios derechazos. El respetable vio la nobleza del toro y cuando se disponía a matar, público y torero comprendieron que Fígaro merecía vivir. El presidente tardó en decidirse, pero finalmente sacó el pañuelo naranja, con el consiguiente estallido de la plaza. Ferrera hizo otra hazaña. Se llevó dos orejas y un rabo, algo que en Pontevedra no se veía desde 1985, en que Antonio Chenel, Antoñete, consiguió el mismo triunfo. El vicepresidente del Gobierno pasó una tarde de toros como Hemingway, agarrado a su puro y con pañuelo, e incluso hizo una tímida ola. En el palco le acompañaron la ministra Ana Pastor, la conselleira Pilar Rojo y su homólogo Xesús Palmou.