Análisis | Asociación de Vecinos O Mirador de Monte Porreiro Apunta que la falta de planificación convirtió una zona privilegiada en una sucesión de edificios en los que vive casi el diez por ciento de la población del municipio
20 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?a Asociación de Vecinos O Mirador es una de las más reivindicativas del municipio. Atiende a unas 8.000 personas que viven en una zona privilegiada de 700.000 metros cuadrados, que la desidia urbanística y una mala planificación convirtió en una sucesión de edificios, en algunos casos de hasta 15 alturas. Por eso, una de las reivindaciones del colectivo es un plan especial. Su presidente, José Luis Fernández quiere, además, recuperar los 64.790 metros cuadrados del entorno del mirador para hacer un gran parque natural. «Tenemos un boceto -explica- para crear un bosque forestal y jardín botánico con especies arbóreas autóctonas y de fuera, junto con plantas aromáticas y medicinales. También habría un invernadero con plantas exóticas.». El proyecto contempla igualmente un auditorio al aire libre y la instalación de fuentes, asadores y mesas en la zona de recreo y esparcimiento más cercana al mirador. «Incluso habíamos pensados nombres, como Marcos da Portela o Martín Sarmiento», subraya el presidente de la asociación, que no es muy optimista en este aspecto. «Hablamos con el Ayuntamiento y con Política Territorial, que son los dueños de las parcelas más grandes en esa zona, pero no vimo ganas de implicarse», lamenta. Retraso Pero además de zonas verdes, Monte Porreiro tiene otras carencias importantes, como el centro cultural de la calle Alemania. «Las obras llevan dos años de retraso -afirma Fernández Vázquez-, y ahora mismo están paradas desde navidades. Está lo que es la estructura del edificio, pero nada más». Explica que había un compromiso de que en dos meses se terminaría el semisótano para que pudiera ser utilizado por los alumnos de la escuela taller, que vienen trabajando en precario en el Instituto Luis Seoane. Además, el proyecto contempla una serie de espacios para las distintas asociaciones de la parroquia, junto con biblioteca, salón de actos, despacho para el asistente social y otras dependencias. «El proyecto es del anterior arquitecto municipal -dice José Luis Fernández-. Al parecer, al actual no le gusta y pasa olímpicamente. A nosotros nos da igual el arquitecto que sea, pero queremos que el centro social se termine este año». Otra reivindicación pendiente es la retirada de dos líneas de alta tensión de 33.000 voltios cada una, que cruzan el barrio y los tres parques infantiles de la zona. «La delegada de Industria nos dijo en su día que quien urbanizó había incumplido la normativa, pues las líneas ya existían. Curiosamente, fue la propia Administración autonómica a través de Política Territorial. Y aquí estamos nosotros, en medio, aguantando todo esto». El dirigente vecinal apunta que la empresa Fenosa tiene un proyecto para enterrar esas dos líneas, con un presupuesto de 1.200.000 euros, «muy poca cosa para las cifras que maneja la Administración», apostilla. Por otra parte, el colectivo solicita el asfaltado y mejora de la calle de Alemania, obra aprobada y presupuestada. Incluso una semana antes de las elecciones se puso el cartel de obra, y allí sigue, eso sí, sin empezar. También pretende que el alumbrado se uniformice. «Tenemos luz blanca, que parece de velas, desde la calle Bélgica hacia el pabellón, y la luz amarilla típica del centro urbano en el resto». Saneamiento Otro tema pendiente es el saneamiento y mejora del firme y de las aceras. «Desde el plan parcial del 68 -explica Fernández Vázquez- no se ha vuelto a tocar el tema. Hay arreglos puntuales de averías pero lo normal sería una previsión de futuro, con un arreglo en condiciones. Hay que tener en cuenta además, que de aquí a cinco años se construirán 500 viviendas más». Muchas de las calles de la urbanización carecen de la debida señalización, si bien parece que la escuela taller está encargada de reponer la nomenclatura y también de la instalación de nuevas papeleras. Los vecinos demandan una guardería infantil, para la que el Instituto Galego da Vivenda e Solo había cedido en su día una parcela de 900 metros cuadrados. «Necesitamos una guardería laboral, que atienda a los niños mientras sus padres tienen que trabajar, porque no olvidemos que este es un barrio de trabajadores», dice el presidente de O Mirador. Finalmente, quieren que se dote de médicos especialistas al Centro de Salud, para no tener que desplazarse al de Lérez, y que la Administración autonómica subvencione de una vez el transporte público para que se pueda abaratar el billete hasta Monte Porreiro. Las obras del centro cultural llevan dos años de retraso y siguen paradas, mientras la escuela taller funciona en instalaciones prestadas